lunes, 20 de diciembre de 2010

La gran revolución del siglo XX



Las revoluciones, hasta ahora, las habían realizado siempre los adultos. Los niños y jóvenes se adherían a ellas, las seguían y aprendían de sus mayores. Los más sabios, los ciudadanos más preparados gestionaban el conocimiento y “guiaban” la forma de actuar de los demás.

Los adultos cambiaron los gobiernos tanto en la antigua Grecia como en Roma. Los adultos conquistaron y colonizaron el Nuevo Mundo. Los adultos construyeron las grandes obras arquitectónicas, escribieron las mejores novelas y descubrieron cómo curarnos de las enfermedades. Los adultos eran los prescriptores y la fuente de sabiduría en un mundo con una tasa de natalidad muy superior a la actual.

Los mayores actuaron activamente para llevar a cabo el acontecimiento que supuso el punto de inflexión de la civilización humana: la Revolución Industrial. Los cambios que trajo esta revolución desde finales del siglo XVIII supusieron las transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales más asombrosas desde el Neolítico.  

La Revolución Industrial nos trajo la aparición de la máquina de vapor y los cambios en el sistema productivo. Nos trajo el interés y la productividad intelectual de muchos investigadores posteriores que, de no ser por los avances llegados con la revolución, no podría haber sido posibles.

El siglo XIX trajo nuevos avances, en este caso en comunicación. Llegó el telégrafo, el teléfono, la fotografía, el cine. En el siglo XX, la radio y la televisión. En todos estos sistemas de comunicación, los "mayores" de las casas tenían el dominio y el conocimiento sobre el aparato. No llegaba un artilugio nuevo a casa sin que los adultos lo aprobaran. Los adultos lo manejaban y hablaban de ello con sus conocidos. A los jóvenes, se les dejaba usar bajo la supervisión del mayor, se les explicaba cómo manejarlo y poco más. 

Todo este orden ha cambiado con la nueva revolución, con la Revolución Tecnológica que, desde finales del siglo pasado, nos tiene inmersos en un cambio social, económico, cultural y generacional sin parangón en la Historia. Y es que, además de la extrema rapidez con la que se transmiten y mueven los nuevos avances, la gran diferencia entre ésta y las revoluciones previas es, sin duda, la gran ruptura entre generaciones de una misma sociedad que está causando.

Ahora, los mayores impulsores de los cambios son los jóvenes, los adolescentes, los menores de 30 años. En las casas, se ha incorporado un nuevo lenguaje. Los padres están asustados con el "gasto tecnológico" no revalorizable que hacemos los jóvenes en una época de crisis en la que de lo último que prescindimos es del móvil, de la conexión ADSL, del nuevo Ipod, de los juegos de Wii o Play y de todo aquel aparatejo electrónico que se ponga a nuestro alcance. No nos da miedo probar, "jugar" con los nuevos instrumentos, pasar horas y horas frente al ordenador aprendiendo cosas nuevas, comunicándonos con gente a la que no conocemos pero que hemos visto que comparten más intereses que gente que tenemos cerca.

Por primera vez, los jóvenes españoles estamos aprendiendo inglés en masa gracias a "seriesyonkis" y los capítulos subtitulados que nos llegan de Estados Unidos. Pero, además, manejamos un nuevo lenguaje que nos hace detenernos en muchas frases para "explicar" a los adultos qué significa cada uno de estos nuevos vocablos. Hablamos de tweets, de posts, de links. Nos cansamos de explicar cómo funciona Facebook, Twitter o de enseñar a entrar en nuestro blog para que "mamá" pueda leer de qué le hablo a todo el mundo que pase por aquí.

Los adultos de la casa han dejado de ser los controladores de la situación, los que sabían más que los hijos. Ahora, los adultos piden asesoramiento constante a esos niños que les están ganando la partida ante la invasión de las nuevas tecnologías. Los adultos de mediana edad son el primer corte generacional que rompe con la estructura sociológica tradicional. El segundo, y ya en muchos casos irrecuperables para la revolución, son los "abuelos" que, como mi abuela Luisa, han decidido que ya no están a tiempo de aprender a manejar "el demonio" que lo sabe todo y que llevo a todas partes con el portátil o el móvil.

En el primer escalón a superar de la revolución, los adultos en los hogares, la situación se soluciona de forma más o menos amistosa. Si hay un joven con capacidad didáctica, enseña a los adultos cómo manejar aquellos programas y aparatos que mejor les puedan ir. Se enseña a la madre a hacer álbumes de fotos por Internet o al padre a usar Ebay. Si el hijo sabe mucho pero le falla la paciencia para explicar diez veces cómo entrar en determinado sitio, se limitará a hacerlo cada vez que su madre o su padre lo necesite. Además, la presencia de un joven en casa, garantiza una inmersión en el lenguaje tecnológico muy útil y necesario de cara al futuro de unos adultos que deberán ir trabajando cada vez con mayor frecuencia con estas nuevas tecnologías y que, muy probablemente, pasarán las últimas décadas de su vida "obligados" a consultar todos los recibos de la casa en la red, a mandar la declaración de renta o a pedir cita previa para renovarse el carné de identidad, cambiar el padrón municipal o inscribirse en el club social de su barrio. 

Ahora bien, el escalón difícil de superar actualmente y que está frenando el conocimiento, la iniciativa y la creatividad de muchos jóvenes radica en la empresa. Los jefes mayores, que han dirigido sus organizaciones con buen criterio y muy buenos resultados hasta la fecha, se encuentran con las ideas de unos jovencitos que les hablan en un lenguaje que no conocen y que su uso lo perciben como una pérdida de tiempo y de recursos (tanto humanos como económicos). Adentrarse en las redes sociales, cambiar esa página web creada allá por el año 2000 en una 2.0, invertir en AdWords, conocer los intereses de sus clientes mediante encuestas de satisfacción on-line, estudiar las estadísticas de entrada y permanencia en los sites propios de la empresa, analizar la competencia en la red o realizar campañas de marketing on-line novedosas y rompedoras son aventuras indispensables para la supervivencia empresarial que, por desgracia en demasiados casos, son consideradas como cantos de sirena que distorsionan hacia lo que para ellos "realmente importa", que son los números.

Pero, estos empresarios olvidan que, además de sus actuales que podríamos considerar como esos adultos que están dando sus primeros pasos con las nuevas tecnologías, hay toda una generación que está pisando firme en este océano de redes e instrumentos. Una generación que ya empieza a tener cierto poder adquisitivo (pese a que la crisis esté frenando nuestro desarrollo profesional) y que necesitan tener a su disposición todo el abanico empresarial para poder comparar, analizar, opinar, compartir, twittear o linkear. Esta generación que pasa horas encerrada en sus habitaciones y que, realmente está conociendo el mundo y sus posibilidades desde una pantalla de ordenador. Esta generación empieza a merecer un reconocimiento por parte de los empresarios adultos y que debe demostrarse en la adaptación de sus negocios. Si para ello nos necesitan, úsennos que es lo que queremos!!!

1 comentario:

  1. Qué razón tienes con lo que escribes Lluc!! quiero destacar que por un lado es realmente una genialidad el poder conocer algo con la rapidez que nos ofrecen la wikipedia, sites determinados, blogs, vamos... internet en general. Pero hay algo en lo que pienso siempre que me he planteado dónde desembocará todo este aluvión de novedades, y se trata ni más ni menos que de la emotividad en las cosas, en el hecho de coger una enciclopedia, sí, 3kg por cada tomo... dolor en las rodillas, el olor al pasar las páginas... pero voy más allá, ahora leemos por internet, y creo que no hay color en que esa historia que lees resumida en tres líneas y salteada de enlaces, en vez de leida, te la cuente un mayor, sí, un mayor que sólo por ser eso, tenia conocimiento, valores adquiridos... un mayor merecia y merece un respeto que me da a mi que se está perdiendo, por que si antes el respeto era un valor, ahora lo es el conocimiento de lo nuevo para unos y desconocimiento para otros. Wiki Vs anciano sabio!!


    Carlos Hellín

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