martes, 14 de diciembre de 2010

La mayor riqueza de un país.

Para mí, la riqueza de un país no se mide principalmente en su PIB. Para mí, la mayor riqueza de un país es la cultura y el conocimiento de sus ciudadanos que le permitan avanzar hacia un mayor bienestar.

Dentro del conocimiento, aquello que considero que aporta mayores beneficios a las personas, a las comunidades y al Estado en general es el dominio de idiomas. El conocer otras lenguas te permite moverte con mayor libertad por el mundo y, hoy por hoy, acerca a tu propio domicilio la literatura, las series y películas de moda, la información en tiempo real, la posibilidad de adquirir productos y servicios que aquí todavía no tenemos. Puedes consultar, debatir e informarte sobre cualquier tema existente y, si quieres, crear nuevos en el océano de Internet. Google ha acercado los rincones del planeta y su traductor web instantáneo facilita el entendimiento de páginas web a los internautas que no conocen determinado idioma. Pero, su fiabilidad no es total y la cantidad de conocimiento que se pierde o se desvirtúan es todavía muy elevado.

Ahora bien, si el conocimiento de idiomas es riqueza, podemos considerar que España es un país en vías de desarrollo. Al desconocimiento mayoritario de lenguas “extranjeras” tenemos un problema añadido. No, no tenemos sólo el problema de salir al exterior y no ser capaces casi de pedir un “menú en el McDonnald’s” en Londres o París. No, no tenemos sólo el problema de ir al cine y no ser capaces de ver una película en VO (la VOS también la descartamos porque los índices de lectura del país impiden leer a la velocidad que pasan los subtítulos). No. En España tenemos el problema añadido del los nacionalismos, de anteponer cualquier lengua autonómica al estudio de otras mucho más útiles en la vida.

Sé que con este post me puedo ganar tortas por todos lados, pero me arriesgaré porque es lo que yo siento y pienso. Eso sí, si alguien me argumenta lo contrario, lo agradeceré, lo pensaré y comentaré...

Confieso que soy catalanoparlante desde la cuna (la variedad mallorquina, para ser más exacta) y que mis pensamientos y escritos suelen ir en esta lengua. “Controlo” (que no domino) el inglés y me defiendo sobradamente en italiano. Si estoy en Londres, pienso en inglés y si paseo por las calles de Roma, lo hago en italiano. Nunca he pensado en castellano, más que cuando tengo que hacer algo en esta lengua. Pero, pese a mi situación personal, creo que es una aberración lo que se está pretendiendo hacer en Baleares con el decreto del catalán.

En una sociedad globalizada, debemos cuidar a las minorías y a las lenguas minoritarias para que no desaparezcan. Pero, de allí a exigir que todo esté rotulado en catalán, que se exija un dominio de la lengua a todos los trabajadores, que se pueda multar por tener una carta en el restaurante sólo en la lengua oficial de toda España y se subvencione que se haga si es en catalán, me parece para hacérselo mirar. Somos una comunidad multicultural y receptora de más de 10 veces nuestra población a lo largo del año. Es cierto que los turistas alemanes e ingleses ocupan nuestras playas. Pero, el turismo mayoritario sigue siendo el español, que viene durante todo el año, en puentes, en Navidad, en Semana Santa y deben poder entender cualquier tipo de información en la lengua común de los 40 millones de personas que salimos a la calle tras el gol de Iniesta...

Me duele ver como los niños están aprendiendo geografía de España sólo en catalán. Me aterra pensar que un hijo mío, si yo no se lo enseño, se vaya a Madrid y pida un billete de bus para "Conca", "Osca" o "Terol". Me preocupa que queramos que nuestros hijos hablen cuatro idiomas desde la cuna y estemos limitando el aprendizaje y uso de la segunda lengua más hablada del planeta, por detrás del chino mandarín. 

No entiendo bien la inversión en recursos humanos y económicos para conseguir volver a limitar la isla a las fronteras marítimas y un poco más cuando deberíamos estar potenciando la apertura de mente, la expansión de nuestra cultura a nivel mundial y ello, pese a que nos duela, se tiene que hacer mayoritariamente en castellano o, si me apuras y pese al coste que tiene, en bilingüe. Ahora bien, este "bilingüismo" también nos conduce a situaciones absurdas como el de ver escrito en un edificio público (que por ley debe de estar rotulado en los dos idiomas) un doble cartel que te indica "Sala de lectura / Sala de lectura".

2 comentarios:

  1. Para mí es imperativo conocer a fondo la lengua oficial del Estado que es el español.Las lenguas minoritarias hay que conocerlas y practicarlas,pues si no se cultivan se convierten en muertas.Dicho esto debido a la penetración económica, tecnológica y su relativa sencillez gramatical,es indispensable que todo el mundo conozca lo mejor posible el standard British English.

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  2. En mi modesta opinión, para aprender castellano bastan 2 horas a la semana y ver el cine en dicha lengua; sin tener que llegar al nivel de Machado. Hoy en día es mucho más apremiante la protección de las lenguas minoritarias aunque sea en detrimento de otras, pues se suma el fenómeno de la globalización como enemigo de las minorías. Una lengua de 400 millones de hablantes como el español no necesita protección alguna.

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