lunes, 31 de enero de 2011

Champions en comunicación y marketing para el LevanteUD

Me gusta el fútbol. De eso no hay duda. Soy del Barça, por un enamoramiento infantil hacia Ronald Koeman. Soy del Mallorca por ser el equipo de mi casa, de mi isla y porque “me toca”. Y, soy del Levante desde hace poco más de un año por amistad a varios jugadores y por admiración hacia los profesionales extradeportivos.


La presencia de Pau Cendrós y de Xisco Muñoz en la plantilla granota hizo que me aficionara a un equipo humilde, que en la última década ha sufrido ascensos y descensos, que se ha visto inmerso en problemas de cobros, en plantes de los jugadores, en polémicas con otros equipos (entre ellos el Mallorca) y que se vio abocado al Concurso de Acreedores. En estos años, ha aprendido de sus errores y está demostrando que las cosas en el fútbol, también pueden remendarse y hacerse bien.

El tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. Las arcas se están saneando y el Club sigue una política austera y realista. Probablemente es el equipo de Primera División con una media de edad más elevada entre sus jugadores, que tiene su enfermería más llena desde el principio de temporada y, además, es uno de los conjuntos que está sufriendo más el “ataque” arbitral. Aún así, está haciendo milagros con un presupuesto paupérrimo para la categoría.

Independientemente de la calidad profesional y personal de los deportistas, el trabajo que se está haciendo dentro de los despachos demuestra que, si hubiera una competición de comunicación y marketing entre los 20 clubes de Primera,  habría una entidad merecedora de situarse en puestos de Liga de Campeones.

Desconozco el funcionamiento de la parte deportiva y tampoco es mi campo de acción. Por deformación profesional, me fijo en los aspectos sociales, en el trato al aficionado y a la prensa, así como en las diferentes campañas que puedan llevarse a cabo o en el tratamiento de los medios propios del Club. En todo esto, el LevanteUD merece matrícula de honor.


En un premio al trabajo interno de los Clubes, no habría una diferenciación por presupuesto, porque en este aspecto no es prioritario tener más dinero, sino tener las mejores ideas y las máximas ganas de llevarlas a cabo. Y en ello, el Levante está demostrando ser muy superior a sus rivales.

Actualmente, al margen de sus cuentas económicas, hay clubes que hacen las cosas mal, otros regular, otros bien, otros realmente bien y, en una categoría especial encontramos al Levante. Con su presupuesto, tiene una página web que no es la más avanzada técnicamente, ni la más colorida, además, se puede decir que le faltan secciones o aplicaciones. Carece de cosas básicas dentro de una web futbolística, como puede ser una tienda, la venta de entradas o un tour virtual. Pero, aún así, es una página limpia, fácil de navegar, actualizada constantemente, con artículos y crónicas elaboradas por profesionales experimentados y vídeos de lo más ingeniosos. Es una web ejemplo para muchos porque invita a seguirla.

Con pocos recursos y ganas de innovar, se pueden hacer muchas cosas. Prueba de ello es la presencia del Levante en las redes sociales. Twitter, Facebook y el canal propio de Youtube son algunos ejemplos. Pero, lo más interesante y lo que me tiene enganchada es la imaginación de su equipo humano, que son los que llenan los espacios con información que acerca la entidad al aficionado. Geno, Héctor, Delia, Emilio… gente a la que prácticamente no conozco pero que se convierten en parte de la familia. Gente con muchas ganas de hacer cosas, con un trato personal excelente, sin favoritismos de ningún tipo, gente que te invita a entrar cada día en la web por si se les ha ocurrido alguna idea nueva.

  

Este año, han ideado el “Cara a cara”, un concurso entre los diferentes jugadores de la plantilla para comprobar qué “pareja” dentro del vestuario se conoce mejor. Nos hemos reído con el villancico cantado por todo el primer equipo y, aún más, con las tomas falsas y, ahora, nos emocionamos con toda la campaña de "La UNIÓN es la SALVACIÓN", en la que, no sólo ofrecen vídeos emotivos a la afición, sino que invitan a participar en "la unión" mediante la elaboración de dibujos y mensajes de ánimo.



Sin duda, la afición levantinista, con ese Club que tiene detrás, merece la salvación más que nadie y, desde aquí, me uno a la llamada granota. Yo quiero hacer UNIÓN, aunque sea recordando a aquellos que hacen visibles a los demás desde el anonimato y que son los que verdaderamente merecen ser reconocidos como equipo de Primera.






Web oficial del Levante UD: http://www.levanteud.es
Facebook Levante UD: http://www.facebook.com/LevanteUDOficial
Twitter Levante UD: http://twitter.com/#!/LevanteUD
Youtube Levante UD: http://www.youtube.com/user/LevanteUDoficial


martes, 25 de enero de 2011

¿Funciona Illes Balears como herramienta de venta?

Ahora que ha terminado la Feria Internacional de Madrid (Fitur), me permito hacer una reflexión sobre qué estamos vendiendo desde Baleares y si las medidas adoptadas son las más correctas para posicionar una marca que no se conoce por el nombre que se vende aunque llevemos años promocionándola. 

En el archipiélago balear no hay un sentimiento común, pese a que el tan conocido "Quatre Illes, un país, cap frontera" nos vendiera las Illes Balears como una realidad inexistente. Las Baleares habitadas (sigo sin acostumbrarme a Illes Balears) son cuatro: Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. Cada una tiene su idiosincrasia, su personalidad, su variedad lingüística dialectal, su folclore, su gastronomía y su vestimenta tradicional. Todavía no he conocido a un habitante de las Baleares que, cuando le pregunten de dónde es, responda "balear" o de "las Illes Balears". A diferencia de los manchegos, catalanes, andaluces, vascos, gallegos, extremeños, navarros, canarios, aragoneses, asturianos, madrileños, cántabros, castellanos, valencianos, riojanos y murcianos, los baleares no nos identificamos con el gentilicio de nuestra Comunidad Autónoma, sino con el de cada una de las islas. Nosotros somos mallorquines, menorquines, ibicencos y formenterencs. Y no es sólo un sentimiento. Es una realidad porque las  fronteras naturales que nos separan lo han hecho desde siempre y, ni el avance de las comunicaciones nos ha unido. Es más, en la era del avión y los medios de transporte vanguardistas, el archipiélago está más cerca de la península y de Europa que de facilitar la relación entre islas. Es más económico llegar hasta Londres o Munich que hacerlo de Mallorca a Menorca (lo de Menorca a Ibiza lo descartamos porque tienen que hacer escala en la mayor de las Baleares).


Anuncio promocional de Illes Balears con Rafa Nadal, 2010.


Pero, pese a toda esta diferenciación, llevamos años intentando vender una realidad que no existe. Intentando vender las Illes Balears como un todo y no como entidades individuales con su propia personalidad y con su propio público objetivo. Es cierto que, desde hace algún tiempo, se está viendo un cambio de tendencia y cada una de las islas cuenta con su propia área promocional dentro del pabellón de Illes Balears, con sus representantes y sus actos específicos. Pero creo que no basta.

Por motivos obvios, vender las cuatro islas juntas no tiene sentido y lo vemos los mallorquines y lo ven los menorquines, los ibicencos y los formenterencs. Tener a Rafa Nadal como imagen del archipiélago está bien. Pero, ¿cuántas veces se dice que él es un deportista balear? Hemos intentado promocionar nuestra Comunidad con un equipo ciclista que no he podido averiguar cuánto costó, ni mucho menos, la repercusión que tuvo a nivel internacional vendiendo algo que no se siente. Vendiendo mal nuestras increíbles islas.


 Maillot oficial Illes Balears
Modelo de la vestimenta del equipo ciclista Illes Balears (2004-2007) y que luego se convirtió en el Casse d'Epargne

Lo peor de la situación de llevar tantos años intentando posicionarnos turísticamente como Comunidad entera es que seguimos sin hacer valoraciones de su utilidad. El pasado noviembre asistí a una interesante jornada sobre "Comunicación, turismo y redes sociales" organizada por la UOC. En ella, diferentes expertos en comunicación, marketing y empresa mostraron sus experiencias y cuáles son las tendencias actuales en el sector.

Entre las ponencias ofrecidas, me llamó soberanamente la atención la de la Fundació Ibit, ofrecida por su responsable de proyectos, Bel Llodrà. En ella, hizo una profunda reflexión sobre uno de los proyectos llevados a cabo y que analiza la gestión de la reputación de un destino turístico mediante la herramienta Al4Tour. En los casos prácticos presentados, y que han sido elaborados por la Fundació, se comprobaba la búsqueda en Internet de determinados destinos de Baleares por nombre de población. Se analiza la búsqueda antes de la decisión de compra y posteriormente a ella para analizar, mediante los resultados, qué reputación tiene cada zona del archipiélago, entre otros aspectos. Se comparaba Calvià con el Arenal, se estudian los comportamientos ante las diferentes poblaciones de un mismo municipio pero, en ningún momento, se analiza la repercusión que tiene vender "Illes Balears" a nivel nacional e internacional.

Por favor, si los mismos habitantes de Illes Balears seguimos buscando "Baleares" en un desplegable de comunidades autónomas al rellenar un formulario, cómo podemos llevar tantos años vendiendo algo que ni nosotros mismos identificamos como realidad. Dejémonos de paradojas y vendamos los encantos de cada isla para quién los quiera disfrutar sin mezclar conceptos y sin combinar targets, creo sinceramente que sería más rentable.

Lo que hemos pagado en "embajadores" a Claudia Schiffer, Anna Kournikova, Michael Douglas o Boris Becker y hasta a Rafa Nadal es otro de los agujeros negros de la economía balear que debemos intentar paliar y evitar que vuelva suceder. Apoyémonos en otras herramientas de comunicación y marketing y vendamos realidades, no quimeras ni "campos de Blancanieves" como en el primer anuncio del tenista manacorí (ni balear, ni mallorquín) y seamos felices y, sobre todo, comamos muchas perdices.





martes, 18 de enero de 2011

Lo que yo quiero de la SGAE

Hoy he leído, y visto, la noticia de que la SGAE (1) ha decidido hacer una campaña de marketing a su favor, lavarse la imagen que tenía y editar un libro de buenas maneras. Me parecen unas medidas muy acertadas para una entidad que debe de ser una de las que tienen peor reputación de nuestro país. 

Poca gente conoce que la Sociedad de Autores se creó en 1899 con el fin de proteger a los creadores musicales de los abusos de los intermediarios. La denominación actual, SGAE (2), es el acrónimo de Sociedad General de Autores de España, que fue fundada en 1941 para gestionar en exclusiva todos los derechos de autor sobre artes escénicas. Esta institución se refundó en 1995 para dar acogida también a los editores. Y, desde hace cerca de 10 años, se dedica a cobrar por todo lo que puede, y más, bajo la falsa premisa de defender los derechos de los autores y la lucha contra la piratería que, según ellos, es el motivo por el que se está hundiendo la cultura en nuestro país.

Pues bien, para luchar contra la desaparición de la cultura en España, la SGAE (o, como pretende el presidente de la Sociedad, el Estado) podría ser una buena opción. Es más, considero que en España sería necesaria la existencia de una figura que velara por la buena producción artística viendo la cantidad de gente de poca cultura que se dedica a instruir a sus semejantes en Prime Time televisivo, a la cantidad de radicales que se dedican a pregonar sus creencias como santas doctrinas desde las páginas (o las webs) de los periódicos más leídos de nuestro país y a la proliferación de "prescriptores de opinión" en forma de famosetes que, desde las redes sociales cuentan sus aventuras diarias e intentan crear cátedra con unos textos plagados de faltas ortográficas.



Pero, como la razón de la existencia de la SGAE no es la de proteger a este país de los incultos que nos están rodeando, sino enriquecer un poco más a los "creadores de cultura" (por desgracia la SGAE no discrimina entre sus afiliados y tan creador es Ramoncín como Joan Manuel Serrat), su afán recaudatorio ha hecho proliferar los cánones y los impuestos directos sin preocuparse si con ello están favoreciendo la creación de material audiovisual, literario o musical de calidad o, por el contrario, lo están limitando.

En un momento social en el que las nuevas tecnologías están llevando la cultura universal a jóvenes que, de no ser por Wikipedia, nunca buscarían una palabra, un país o un concepto en la enciclopedia. Es más, sin la enciclopedia popular, ningún miembro de su generación se hubiera preocupado de definir o describir nada  e incorporarlo a la red para que todo el mundo pueda consultarlo. En un momento en el que las madres, gracias a los móviles de última generación, están consiguiendo crear unos archivos fotográficos de sus hijos mil veces superiores a los que tenemos los nacidos en mi generación. En una época en la que las abuelas que han conseguido ver todas las zarzuelas de su infancia gracias a que sus nietos les han descargado unos viejos vídeos piratas porque no hay manera de encontrar ni en lo más profundo de Ebay una copia para regalársela por Navidad. Y en un período en el que los padres han transformado todos sus viejos vinilos en MP3 y disfrutan con sus amigos de discos de carrozas con los que celebran los 60 años al son de la música yeyé. En el momento de la historia en el que más accedemos a las creaciones artísticas y más personas anónimas se deciden a crear y compartir sus obras, en este momento, nos cae un canon digital para proteger a los "artistas".

La SGAE aprovechó el momento álgido de venta de películas pirateadas en las calles y el inicio de las descargas online gracias a Emule o a Utorrent para imponernos un pago obligatorio sobre todos los aparatos que permitan la grabación de archivos. Y todo ello, lo sigue recaudando sin el consentimiento de la Unión Europea, al menos en su cobro a empresas y profesionales (3).

Pero, además, la SGAE que tanto se vanagloria de defender los derechos ante el pirateo de material audiovisual, exige a toda asociación, comunidad de vecinos, ONG y demás entidad que proyecte una película o un documental con los derechos registrados, a abonar el correspondiente canon. En el caso de ser una proyección gratuita, este "impuesto" se traduce en una factura de 16,90 € (IVA incluido), precio que, en la mayoría de ocasiones, es superior al de la copia en DVD, copia que nadie se acerca a controlar si es legal o descargada ilegalmente en cualquiera de los portales que pretendía cerrar la Ley Sinde. Por tanto, la SGAE cobra por difundir una cultura que puede estar infringiendo la legislación y, además, exige el pago de las tasas a sabiendas de que la persona o entidad que está promoviendo un acto cultural ya tendrá un déficit en su cuenta de gastos de más de 2500 de las antiguas pesetas.

Puede ser que los creadores necesiten defender sus derechos, pero las formas de la SGAE no considero que sean las más correctas. Al final, la percepción que te queda de la Sociedad de Autores (y que hacen bien en intentar limpiar), es la de ser el mayor recaudador de impuesto revolucionarios de España, consiguiendo unos ingresos en 2010 superiores a los 300 millones de euros, que no se sabe bien cómo se distribuyen ni para qué se usan.

Viendo la situación actual del país, y por si a la SGAE y a su amiga Sinde les faltan ideas sobre qué hacer con tanto dinero, yo les propondría crear una fundación con parte de esos millones recaudados y emprender acciones encaminadas a a exigir a las cadenas de televisión un cierto código ético y unos mínimos de cultura entre sus presentadores y contertulios. Además de solicitar a los productores que muestren reportajes veraces y evitando descalificar a toda una población. 


Además, como periodista, también me quiero acoger a la SGAE y que luche por mis derechos de autor, por mi derecho a trabajar en un mercado justo y sin la cantidad de intrusos utilizando la tribuna de los medios para hacer apología de sus creencias, para instruir a la población con falacias y con constantes descalificativos, más dignos de una república bananera que de un país desarrollado en pleno siglo XXI.

Yo quiero una Sociedad General de Autores que vele por el buen uso de la palabra, de la imagen y del acorde. Quiero una SGAE que luche contra los intermediarios, como en sus inicios, y que vele por el bien del espectador, del lector y del oyente porque, de esta forma, la cultura ganará y nuestro país se hará más fuerte.




Ejemplo de un tipo de "creación" que debería desaparecer de nuestra televisión.




jueves, 13 de enero de 2011

La posibilidad de volver al Lluís Sitjar

La primera vez que acudí al Lluís Sitjar fue para presenciar un partido de Copa del Rey allá por la temporada 92/93 y en el que se enfrentaron el Real Mallorca y el Real Madrid. Tenía 11 años y mi tío, sabedor de mi gran afición por el fútbol y el poco interés que suscitaba el deporte entre mis padres, me regaló una de las mejores experiencias de mi vida. Recuerdo como Prats detuvo un penalti a Hierro y como ese encuentro terminó 2-0 a favor nuestro. Pero, sobre todo, recuerdo la sensación de estar en un gran campo de fútbol; de experimentar el amor hacia un Club; y de conocer la emoción de animar, de ser parte del equipo, de ser el jugador número 12.

Desde ese primer partido disfrutado en la tribuna lateral, fueron muchos los domingos que acudí a ser "uno más" en las gradas del templo mallorquinista. No puedo precisar bien en qué año me hice socia, por edad supongo que debía de ser la temporada 94/95. A los 13 ó 14 años ya me dejaban ir sola o con algunos amigos y vecinos al campo, andando desde mi casa y sintiendo como, a lo largo de la Riera, te ibas uniendo a una masa roja que se acercaba hacia la entrada del fondo sur. Por esa época, el carné infantil de fondo costaba 12.000 pesetas, dinero que mi padre me regalaba por mi santo cada año. Sorprende que la persona que permitió que yo disfrutara tanto en el Sitjar sea un hombre que en su vida sólo ha asistido a dos partidos, uno más o menos en 1955 y otro en el 2005. Pero bueno, supongo también que los padres hacen sacrificios por sus hijos y el suyo fue colaborar en que creciera mi afición por un deporte que me ha dado muchas alegrías.



En el Sitjar viví cinco años de socia increíbles y, por desgracia, irrepetibles. Allí disfruté como nunca viendo partidos de segunda. Allí experimenté la sensación de tocar mi primer ascenso, que llegó en Vallecas con el gol de Carlitos. Allí me divertí con los argentinos y aprendí de ellos canciones de apoyo que luego se han ido cantando en todos los campos de España gracias al mítico "Lo que el ojo no ve". Allí descubrí que hay otro dios que, al igual que Maradona o Messi, también es argentino y cuya función se desempeña desde la banda, dirigiendo a los ángeles sobre el césped. Ese dios del mallorquinismo tiene cara, nombre y apellidos: Héctor Raúl Cúper. 

Allí hicimos volar periódicos La Voz en la goleada al Sporting. Allí, y en un Ciutat de Palma contra el Flamengo, descubrí a un jugador que la temporada siguiente haría las delicias de los españoles: Savio Bortolini. Allí ví correr por la banda a Mendieta y pensar que se nos venía un tren encima. Allí preparé el primer desembarco en una final: la de Copa del Rey de 1998. Allí me empapé y disfruté de un empate que nos supo a victoria en un partido en lunes en el que toda España vio cómo nos quedábamos a oscuras. Allí supe lo que era disputar una competición europea y eliminar al Chelsea una noche en la que el fondo sur estaba protegido por más perros que policías y el helicóptero que sobrevoló Palma durante todo el día fue acrecentando los nervios de esa final adelantada a los mallorquinistas. 

Pero, allí también lloré, y mucho, el día del adiós a Cúper y el cierre de ese campo como sede del primer equipo. Fue un día de emociones, de piel de gallina durante los 90 minutos de juego y de cánticos, lágrimas, aplausos y escalofríos durante la celebración posterior. 


Nos íbamos de nuestra casa a otra "de prestado" que nos cedía el Ajuntament. Lo hacíamos esperanzados porque, en teoría, mejoraban nuestras instalaciones y, además, llegaba una nueva temporada con la ilusión de jugar, por primera vez en nuestra historia, la Champions League. Debutamos en Son Moix contra el Real Madrid un 21 de agosto de 1999 y, cuatro días después, lo hacíamos contra el Molde en Champions. Fue el primer varapalo en un estadio que ha demostrado ser frío y poco agradable para los aficionados al deporte rey. Y eso que allí también hemos tenido alegrías. Alegrías sin la emoción del Sitjar, pero alegrías al fin y al cabo.


Por mi afición al deporte formativo, tras el traslado a Son Moix del primer equipo, me concedí unos años de más de fútbol en el Lluís Sitjar viendo al filial, al División de Honor, a los veteranos y hasta algunos partidos organizados por la Fundació. Gracias a ese campo, el Juvenil creció y el filial se hizo fuerte en su feudo. De allí, de esos partidos, salieron jugadores que hoy están en el primer equipo y otros muchos que juegan repartidos por la geografía española. En el Sitjar vi jugar a Pau Cendrós, Emilio Nsue, Martí Crespí, Kevin García o Tomeu Nadal, antes de que lo hicieran en Son Moix. También a Rafita, Carmona, Mito Truyols, Tano Bonnín, Rigo, Alfonso Artabe o a medio Atlètic Balears y tres cuartas partes de la Tercera División Balear... 

En el Lluís Sitjar fui feliz y, aunque duela, y mucho, pasar por allí y ver el estado deplorable en el que está, siempre trae recuerdos de una época mejor para el mallorquinismo, de un sentimiento que perdurará en todos los que tuvimos la suerte de ver un partido en directo desde sus gradas y de la esperanza lejana de poder volver a disfrutar de nuestro querido Real Mallorca jugando en un campo de fútbol, no en un estadio. 

Es por todo esto que me duele más ver cómo ahora se hacen las cosas. Ver que se está utilizando el templo de una afición como moneda de cambio, como herramienta de chantaje hacia las instituciones. Creo que es difícil hacer las cosas de forma más chapucera y desilusionante. ¡Claro que sueño con volver cada 15 días allí! ¡Claro que pagaría más por hacerme socia del Lluís Sitjar que lo que nos cuesta en Son Moix! Pero, todo con orden y claridad.

No creo que la forma de presentar algo sea mediante una carta de intenciones cuando el Mallorca sólo posee el 30% del vetusto campo. Por lo que oí ayer, los copropietarios tenían su plan. Han estudiado las necesidades de la zona y van a mostrar al barrio su proyecto. Ahora, se vuelve a demostrar la forma de actuar de un Mallorca que, desde la entrada de la nueva propiedad, está demostrando buenas intenciones a base de "ideas", pero poca claridad en sus acciones. 

Desconozco si la forma de hacer pública esta intención es para ganar tiempo con el Ajuntament y así "ahorrar" para poder afrontar el coste de la demolición. No sé si pensar que este anuncio es una forma de "amenaza" ante la posibilidad de abandonar Son Moix y cargar al Ajuntament con otra construcción en desuso. Me viene a la cabeza hasta un motivo político para que, en precampaña electoral, los partidos se posicionen del costado rojillo.

En definitiva, no capto todavía la razón de toda esta campaña actual para, con prisas, anunciar la intención de volver a nuestro campo en 2016. Pero, lo que me queda claro es que hay algo detrás porque, por tiempo y dinero (no olvidemos la situación del Mallorca en concurso de acreedores), es un proyecto utópico y prácticamente irrealizable. Eso sí, si al final se demuestra que yo soy la incrédula y que el sueño se cumplirá, seré la primera en hacerme mi carné y ofrecer mi apoyo en lo que haga falta. Eso sí, como se demuestre que, otra vez, unos directivos están jugando con el sentimiento de todos los mallorquinistas, creo que se merecen una salida mucho peor que la de Vicenç Grande.

lunes, 10 de enero de 2011

Y la historia contará...

Iniciado un nuevo año, quedan muchas cosas para el recuerdo, muchos momentos para archivar y otros para borrar de 2010. Hemos llorado y hemos reído y, la mayoría de los españoles, hicimos ambas cosas a la vez el pasado 11 de julio.

La historia recordará que nosotros vivimos algo que, hasta ese día, era una simple leyenda, un cuento imaginario. Ahora sí podemos gritar orgullosos al resto del Mundo que somos campeones del Mundo de fútbol, como antes lo fuimos de baloncesto, de balonmano, de waterpolo, de natación sincronizada o de Fórmula 1. Este año, también recordaremos como copamos las listas de ATP, las clasificaciones de los campeonatos de motociclismo. Eso sí, los "sabios" del fútbol no han querido que podamos contar que el 10 de enero del 2011 también tenemos un segundo Balón de Oro español.

No le quito méritos a Messi, porque sin duda es el mejor jugador del Mundo. Pero, para los españoles, Iniesta consiguió con su gol en la final del mundial, un hito inimaginable. Iniesta hizo nacer ese día una nueva estrella, una de cinco puntas dorada y pequeñita que acompaña al escudo español en las camisetas de la Selección y que todos nosotros podremos contar a nuestros hijos y nietos cómo, dónde y con quién vimos su consecución. 

De Xavi sólo puedo decir cosas mejores. Es el eterno "tapado". Su trabajo es apreciable para los que realmente saben de fútbol y su labor tanto en el Barça como en la Selección ha sido fundamental. Por ello, además de por su clase y estilo de juego, tengo que reconocer que era mi elección a conseguir el Balón de Oro. No ha podido ser. 

Pero, los logros españoles no terminan aquí. Para todos, y para los culés en particular, ver a Piqué, Puyol, Villa e Iker Casillas sumarse a Iniesta y Xavi entre el once ideal del año nos demuestra que disfrutamos cada fin de semana de la mejor liga del mundo. De una Liga en la que juegan los mejores jugadores y que somos, en parte, la envidia futbolística del resto de naciones. 

Intentemos aprovecharlo y colaborando para que nuestros hijos y nietos puedan seguir contando que ellos también han visto que la leyenda existe y que la estrellita empiece a multiplicarse. Eso sí, esperemos también que alguien, algún día, decida que los premios son para quién más lo merece y que los españoles los merecemos!!!