jueves, 13 de enero de 2011

La posibilidad de volver al Lluís Sitjar

La primera vez que acudí al Lluís Sitjar fue para presenciar un partido de Copa del Rey allá por la temporada 92/93 y en el que se enfrentaron el Real Mallorca y el Real Madrid. Tenía 11 años y mi tío, sabedor de mi gran afición por el fútbol y el poco interés que suscitaba el deporte entre mis padres, me regaló una de las mejores experiencias de mi vida. Recuerdo como Prats detuvo un penalti a Hierro y como ese encuentro terminó 2-0 a favor nuestro. Pero, sobre todo, recuerdo la sensación de estar en un gran campo de fútbol; de experimentar el amor hacia un Club; y de conocer la emoción de animar, de ser parte del equipo, de ser el jugador número 12.

Desde ese primer partido disfrutado en la tribuna lateral, fueron muchos los domingos que acudí a ser "uno más" en las gradas del templo mallorquinista. No puedo precisar bien en qué año me hice socia, por edad supongo que debía de ser la temporada 94/95. A los 13 ó 14 años ya me dejaban ir sola o con algunos amigos y vecinos al campo, andando desde mi casa y sintiendo como, a lo largo de la Riera, te ibas uniendo a una masa roja que se acercaba hacia la entrada del fondo sur. Por esa época, el carné infantil de fondo costaba 12.000 pesetas, dinero que mi padre me regalaba por mi santo cada año. Sorprende que la persona que permitió que yo disfrutara tanto en el Sitjar sea un hombre que en su vida sólo ha asistido a dos partidos, uno más o menos en 1955 y otro en el 2005. Pero bueno, supongo también que los padres hacen sacrificios por sus hijos y el suyo fue colaborar en que creciera mi afición por un deporte que me ha dado muchas alegrías.



En el Sitjar viví cinco años de socia increíbles y, por desgracia, irrepetibles. Allí disfruté como nunca viendo partidos de segunda. Allí experimenté la sensación de tocar mi primer ascenso, que llegó en Vallecas con el gol de Carlitos. Allí me divertí con los argentinos y aprendí de ellos canciones de apoyo que luego se han ido cantando en todos los campos de España gracias al mítico "Lo que el ojo no ve". Allí descubrí que hay otro dios que, al igual que Maradona o Messi, también es argentino y cuya función se desempeña desde la banda, dirigiendo a los ángeles sobre el césped. Ese dios del mallorquinismo tiene cara, nombre y apellidos: Héctor Raúl Cúper. 

Allí hicimos volar periódicos La Voz en la goleada al Sporting. Allí, y en un Ciutat de Palma contra el Flamengo, descubrí a un jugador que la temporada siguiente haría las delicias de los españoles: Savio Bortolini. Allí ví correr por la banda a Mendieta y pensar que se nos venía un tren encima. Allí preparé el primer desembarco en una final: la de Copa del Rey de 1998. Allí me empapé y disfruté de un empate que nos supo a victoria en un partido en lunes en el que toda España vio cómo nos quedábamos a oscuras. Allí supe lo que era disputar una competición europea y eliminar al Chelsea una noche en la que el fondo sur estaba protegido por más perros que policías y el helicóptero que sobrevoló Palma durante todo el día fue acrecentando los nervios de esa final adelantada a los mallorquinistas. 

Pero, allí también lloré, y mucho, el día del adiós a Cúper y el cierre de ese campo como sede del primer equipo. Fue un día de emociones, de piel de gallina durante los 90 minutos de juego y de cánticos, lágrimas, aplausos y escalofríos durante la celebración posterior. 


Nos íbamos de nuestra casa a otra "de prestado" que nos cedía el Ajuntament. Lo hacíamos esperanzados porque, en teoría, mejoraban nuestras instalaciones y, además, llegaba una nueva temporada con la ilusión de jugar, por primera vez en nuestra historia, la Champions League. Debutamos en Son Moix contra el Real Madrid un 21 de agosto de 1999 y, cuatro días después, lo hacíamos contra el Molde en Champions. Fue el primer varapalo en un estadio que ha demostrado ser frío y poco agradable para los aficionados al deporte rey. Y eso que allí también hemos tenido alegrías. Alegrías sin la emoción del Sitjar, pero alegrías al fin y al cabo.


Por mi afición al deporte formativo, tras el traslado a Son Moix del primer equipo, me concedí unos años de más de fútbol en el Lluís Sitjar viendo al filial, al División de Honor, a los veteranos y hasta algunos partidos organizados por la Fundació. Gracias a ese campo, el Juvenil creció y el filial se hizo fuerte en su feudo. De allí, de esos partidos, salieron jugadores que hoy están en el primer equipo y otros muchos que juegan repartidos por la geografía española. En el Sitjar vi jugar a Pau Cendrós, Emilio Nsue, Martí Crespí, Kevin García o Tomeu Nadal, antes de que lo hicieran en Son Moix. También a Rafita, Carmona, Mito Truyols, Tano Bonnín, Rigo, Alfonso Artabe o a medio Atlètic Balears y tres cuartas partes de la Tercera División Balear... 

En el Lluís Sitjar fui feliz y, aunque duela, y mucho, pasar por allí y ver el estado deplorable en el que está, siempre trae recuerdos de una época mejor para el mallorquinismo, de un sentimiento que perdurará en todos los que tuvimos la suerte de ver un partido en directo desde sus gradas y de la esperanza lejana de poder volver a disfrutar de nuestro querido Real Mallorca jugando en un campo de fútbol, no en un estadio. 

Es por todo esto que me duele más ver cómo ahora se hacen las cosas. Ver que se está utilizando el templo de una afición como moneda de cambio, como herramienta de chantaje hacia las instituciones. Creo que es difícil hacer las cosas de forma más chapucera y desilusionante. ¡Claro que sueño con volver cada 15 días allí! ¡Claro que pagaría más por hacerme socia del Lluís Sitjar que lo que nos cuesta en Son Moix! Pero, todo con orden y claridad.

No creo que la forma de presentar algo sea mediante una carta de intenciones cuando el Mallorca sólo posee el 30% del vetusto campo. Por lo que oí ayer, los copropietarios tenían su plan. Han estudiado las necesidades de la zona y van a mostrar al barrio su proyecto. Ahora, se vuelve a demostrar la forma de actuar de un Mallorca que, desde la entrada de la nueva propiedad, está demostrando buenas intenciones a base de "ideas", pero poca claridad en sus acciones. 

Desconozco si la forma de hacer pública esta intención es para ganar tiempo con el Ajuntament y así "ahorrar" para poder afrontar el coste de la demolición. No sé si pensar que este anuncio es una forma de "amenaza" ante la posibilidad de abandonar Son Moix y cargar al Ajuntament con otra construcción en desuso. Me viene a la cabeza hasta un motivo político para que, en precampaña electoral, los partidos se posicionen del costado rojillo.

En definitiva, no capto todavía la razón de toda esta campaña actual para, con prisas, anunciar la intención de volver a nuestro campo en 2016. Pero, lo que me queda claro es que hay algo detrás porque, por tiempo y dinero (no olvidemos la situación del Mallorca en concurso de acreedores), es un proyecto utópico y prácticamente irrealizable. Eso sí, si al final se demuestra que yo soy la incrédula y que el sueño se cumplirá, seré la primera en hacerme mi carné y ofrecer mi apoyo en lo que haga falta. Eso sí, como se demuestre que, otra vez, unos directivos están jugando con el sentimiento de todos los mallorquinistas, creo que se merecen una salida mucho peor que la de Vicenç Grande.

5 comentarios:

  1. Muy bonito el recordatorio histórico. Y al respecto de volver, yo no me fío ni de los directivos, ni de los políticos. Ha salido la alcadesa diciendo que Palma no puede permitirse dos estadios. Dónde vas, Anita? Un estadio es Son Moix, y un campo de fútbol es el Sitjar.

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  2. Muy grande LLuc. Me encanta la forma en que está escrito y toda la razón del mundo. Va a ser patético cuando se use el Fortí (que se usará) como arma electoral... Aunque todos deseemos volver a donde nunca debimos irnos, no creo que nadie en sus cabales crea que dicho proyecto sea realizable en nuestra actual situación, por desgracia.

    Enhorabuena, un saludo.

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  3. Muchas gracias por los comentarios. Me gusta esto de tener una entrada participativa!!!

    El problema es que creo que ya se está utilizando políticamente el Sitjar, al menos desde el Club. Basta ver el comentario del presidente Cladera: «Los ciudadanos elegimos a los políticos. La idea de que no puede haber dos estadios no es valida» y el hecho de que se vaya a presentar el proyecto dos meses antes de las elecciones.

    Si el Mallorca es capaz de conseguir 100 millones de Euros para construir un campo, me parecería muy lamentable su situación en concurso y cómo han dejado a muchas empresas proveedoras.

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  4. M'alegr molt que t'hagis animat a escriure un blog! sempre m'ha agradat com escrius. Quina foto sa de na tita na joana i tu! Respecta de los des Lluis Sitjar, un club que está en suspensió de pagos no crec que lo millor sigui ficarse en una inversió com aquesta tenguent ja un camp de futbol. Sense cap dupta se viuría mes intensament es partits, però també es accessos son molt millors a son moix, que m'enrecort que per arribar a Gènova antes ens costava una vida, i ara en cinc minuts hi som.
    I com a palmesanos, després que feim amb l'estadi de son moix? que hi jugui el baleares? o que hi corrin ses rates?
    Jo crec que aquest projecta no te ni cap ni peus, i que es una mesura de pressió del Mallorca a s'ajuntament per llevar sa pista d'atletisme (que antes no hi estava gens d'acort perque ens quedaríem a palma sense pista d'atletisme, pero com desde fa anys no l'ha empleat ningú...)
    Enhorabona per es blog!

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  5. "andando desde mi casa y sintiendo como, a lo largo de la Riera, te ibas uniendo a una masa roja que se acercaba hacia la entrada del fondo sur." Chapeaux Lluc.
    Anita, esper que ho llegeixis bé, de dalt a baix, te deixis de dictadora d'ideològies, i no te dic que s'hagi de fer un projecte imposible, però si que el projecte definitiu s'ha de pactar, mai imposar.

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