martes, 18 de enero de 2011

Lo que yo quiero de la SGAE

Hoy he leído, y visto, la noticia de que la SGAE (1) ha decidido hacer una campaña de marketing a su favor, lavarse la imagen que tenía y editar un libro de buenas maneras. Me parecen unas medidas muy acertadas para una entidad que debe de ser una de las que tienen peor reputación de nuestro país. 

Poca gente conoce que la Sociedad de Autores se creó en 1899 con el fin de proteger a los creadores musicales de los abusos de los intermediarios. La denominación actual, SGAE (2), es el acrónimo de Sociedad General de Autores de España, que fue fundada en 1941 para gestionar en exclusiva todos los derechos de autor sobre artes escénicas. Esta institución se refundó en 1995 para dar acogida también a los editores. Y, desde hace cerca de 10 años, se dedica a cobrar por todo lo que puede, y más, bajo la falsa premisa de defender los derechos de los autores y la lucha contra la piratería que, según ellos, es el motivo por el que se está hundiendo la cultura en nuestro país.

Pues bien, para luchar contra la desaparición de la cultura en España, la SGAE (o, como pretende el presidente de la Sociedad, el Estado) podría ser una buena opción. Es más, considero que en España sería necesaria la existencia de una figura que velara por la buena producción artística viendo la cantidad de gente de poca cultura que se dedica a instruir a sus semejantes en Prime Time televisivo, a la cantidad de radicales que se dedican a pregonar sus creencias como santas doctrinas desde las páginas (o las webs) de los periódicos más leídos de nuestro país y a la proliferación de "prescriptores de opinión" en forma de famosetes que, desde las redes sociales cuentan sus aventuras diarias e intentan crear cátedra con unos textos plagados de faltas ortográficas.



Pero, como la razón de la existencia de la SGAE no es la de proteger a este país de los incultos que nos están rodeando, sino enriquecer un poco más a los "creadores de cultura" (por desgracia la SGAE no discrimina entre sus afiliados y tan creador es Ramoncín como Joan Manuel Serrat), su afán recaudatorio ha hecho proliferar los cánones y los impuestos directos sin preocuparse si con ello están favoreciendo la creación de material audiovisual, literario o musical de calidad o, por el contrario, lo están limitando.

En un momento social en el que las nuevas tecnologías están llevando la cultura universal a jóvenes que, de no ser por Wikipedia, nunca buscarían una palabra, un país o un concepto en la enciclopedia. Es más, sin la enciclopedia popular, ningún miembro de su generación se hubiera preocupado de definir o describir nada  e incorporarlo a la red para que todo el mundo pueda consultarlo. En un momento en el que las madres, gracias a los móviles de última generación, están consiguiendo crear unos archivos fotográficos de sus hijos mil veces superiores a los que tenemos los nacidos en mi generación. En una época en la que las abuelas que han conseguido ver todas las zarzuelas de su infancia gracias a que sus nietos les han descargado unos viejos vídeos piratas porque no hay manera de encontrar ni en lo más profundo de Ebay una copia para regalársela por Navidad. Y en un período en el que los padres han transformado todos sus viejos vinilos en MP3 y disfrutan con sus amigos de discos de carrozas con los que celebran los 60 años al son de la música yeyé. En el momento de la historia en el que más accedemos a las creaciones artísticas y más personas anónimas se deciden a crear y compartir sus obras, en este momento, nos cae un canon digital para proteger a los "artistas".

La SGAE aprovechó el momento álgido de venta de películas pirateadas en las calles y el inicio de las descargas online gracias a Emule o a Utorrent para imponernos un pago obligatorio sobre todos los aparatos que permitan la grabación de archivos. Y todo ello, lo sigue recaudando sin el consentimiento de la Unión Europea, al menos en su cobro a empresas y profesionales (3).

Pero, además, la SGAE que tanto se vanagloria de defender los derechos ante el pirateo de material audiovisual, exige a toda asociación, comunidad de vecinos, ONG y demás entidad que proyecte una película o un documental con los derechos registrados, a abonar el correspondiente canon. En el caso de ser una proyección gratuita, este "impuesto" se traduce en una factura de 16,90 € (IVA incluido), precio que, en la mayoría de ocasiones, es superior al de la copia en DVD, copia que nadie se acerca a controlar si es legal o descargada ilegalmente en cualquiera de los portales que pretendía cerrar la Ley Sinde. Por tanto, la SGAE cobra por difundir una cultura que puede estar infringiendo la legislación y, además, exige el pago de las tasas a sabiendas de que la persona o entidad que está promoviendo un acto cultural ya tendrá un déficit en su cuenta de gastos de más de 2500 de las antiguas pesetas.

Puede ser que los creadores necesiten defender sus derechos, pero las formas de la SGAE no considero que sean las más correctas. Al final, la percepción que te queda de la Sociedad de Autores (y que hacen bien en intentar limpiar), es la de ser el mayor recaudador de impuesto revolucionarios de España, consiguiendo unos ingresos en 2010 superiores a los 300 millones de euros, que no se sabe bien cómo se distribuyen ni para qué se usan.

Viendo la situación actual del país, y por si a la SGAE y a su amiga Sinde les faltan ideas sobre qué hacer con tanto dinero, yo les propondría crear una fundación con parte de esos millones recaudados y emprender acciones encaminadas a a exigir a las cadenas de televisión un cierto código ético y unos mínimos de cultura entre sus presentadores y contertulios. Además de solicitar a los productores que muestren reportajes veraces y evitando descalificar a toda una población. 


Además, como periodista, también me quiero acoger a la SGAE y que luche por mis derechos de autor, por mi derecho a trabajar en un mercado justo y sin la cantidad de intrusos utilizando la tribuna de los medios para hacer apología de sus creencias, para instruir a la población con falacias y con constantes descalificativos, más dignos de una república bananera que de un país desarrollado en pleno siglo XXI.

Yo quiero una Sociedad General de Autores que vele por el buen uso de la palabra, de la imagen y del acorde. Quiero una SGAE que luche contra los intermediarios, como en sus inicios, y que vele por el bien del espectador, del lector y del oyente porque, de esta forma, la cultura ganará y nuestro país se hará más fuerte.




Ejemplo de un tipo de "creación" que debería desaparecer de nuestra televisión.






(1) La SGAE no actuará contra los usuarios individuales en la red. CincoDías.com, 17 de enero de 2011.
La SGAE presenta un plan para limpiar la imagen de la entidad. ADN.es, 17 de enero de 2011.
Teddy Bautista: "Eso de que no se sabe qué hacemos con el dinero es una leyenda urbana" . ITespresso.es, 17 de enero de 2011.
La SGAE no emprenderá acciones penales contra particulares. La Razón.es, 17 de enero de 2011.
La SGAE se relaja. La Sexta, 17 de enero de 2011.  


(2) Web SGAE: http://www.sgae.es 


(3) El Tribunal de Justicia de la UE pide a España que cambie el canon digital. El Mundo.es, 21 de octubre de 2010
La UE prohíbe cobrar canon digital a empresas. ABC.es, 21 de octubre de 2010.
Canon digital. El País, 10 de enero de 2011


Vídeo 1:
Belén Esteban impartiendo una clase de historia en Tele5.


Vídeo 2:
Campaña contra el preservativo promovida por Intereconomía.

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