miércoles, 20 de marzo de 2013

El odio al amor

La RAE, define la palabra odio como "antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea". En mi opinión, la Real Academia de la Lengua obvia en su definición otra clase de odio mucho más dolorosa y cruel: el odio por exceso de amor. 

Este odio, ocasionado por el desamor y los amores imposibles, generalmente no se manifiesta en el deseo del mal al otro sino mediante la certeza de que el que lo siente es "un auténtico desgraciado". Este odio es el resultado de querer incondicionalmente, de desear estar presente en la vida de alguien para el que eres tan solo uno más, de echar de menos las ausencias de huecos que nunca ha llenado, de que todos los caminos conduzcan a él/ella y de dedicarle cada día tus últimos "buenas noches" y tus primeros "buenos días" en silencio. 

Es un odio irreal, mental más que visceral, pero que sigue saliendo de lo más profundo de uno mismo mediante una confrontación sentimental entre lo que ocupa el corazón y lo que nos dice la razón. Es la constante lucha entre el querer y el necesitar odiar para olvidar. Es la necesidad de ser capaz de gestionar tus sentimientos, de apartarlos de aquel o aquella que no los merece, de conseguir actuar con la misma indiferencia hacia sus problemas y preocupaciones. Es desear poder dejar de llorar por sus fracasos y alegrarte por sus triunfos. Es, sin duda, el impulso irresistible de conseguir volver a llevar las riendas de tu vida sin la irrupción de un ser extraño que no hace más que estorbar en tu avance personal. 

Es el odiar a alguien tanto tanto por el daño que nos hace quererles que se convierte en el odio a nuestros mejores y más bonitos sentimientos. Es el odio más cruel, mezquino y duro. Es la búsqueda de una explicación al amar sin respuesta. Es, en definitiva, el odio al amor. 



Canción "Te odio" de Ismael Serrano

1 comentario:

  1. Es odio y a la vez tortura sin final en el horizonte, porque los sentimientos suelen resistirse a planteamientos racionales y pragmáticos. Debe ser difícil la situación, efectivamente, aunque cualquiera que haga memoria, seguramente se recuerde en alguna circunstancia en que haya pensado: ¡Jo!...

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