lunes, 14 de octubre de 2013

Volver al lugar donde he sido feliz



"al lugar donde has sido feliz

no debieras tratar de volver"
Joaquín Sabina, Peces de Ciudad


No estoy de acuerdo con esta frase que canta Sabina en "Peces de ciudad". Para mí, allí donde has sido feliz debes tratar de volver, ¡y compartirlo con todos aquellos que quieres! Hay que diferenciar entre disfrutar de un lugar que te gusta a haber sido feliz en él. Si sólo te ha gustado, es posible que la segunda impresión que recibas no sea tan positiva como la primera, puede que te desilusione porque lo ves todo con unos ojos más críticos y menos inocentes, con el recuerdo idealizado de aquello que en su día te pareció bellísimo. Son lugares que te atrajeron en su momento, que hasta compartiste con alguien especial. Pero son lugares que no recuerdas dentro de ese listado que todos tenemos de nuestros momentos más felices. Volver a un lugar en el que los recuerdos se cubren de sonrisas y los ojos chispean, es volver al lugar donde has sido feliz. Y, si has sido feliz, mi consejo es siempre volver y compartir.

Tengo la gran suerte de poder decir que he sido feliz en muchos lugares y que ese sentimiento es facilísimo de identificar en todas las fotos que me traigo. Posiblemente, el año en Roma marca claramente el máximo pico de felicidad vivida en algún lugar. Ayudó estar nueve meses, las compañeras de piso, las visitas, la ciudad y mi casa. A Roma, como una necesidad vital, tengo que volver, como poco, cada año y medio. No puede faltar una visita a Juan XXIII, un helado en el Panteón y una moneda en la Fontana di Trevi. Me falta mucha gente, pero me acompañan sus risas, sus charlas, esos momentos felices recorriendo la ciudad que me hizo "romana per un anno, italiana per tutta la vitta". 

En cuanto a viajes, puedo decir que fui feliz en Hawaii. ¡Que te esperen en el aeropuerto con un collar de flores ayuda a que toda la semana rías sin más motivo que el acordarte de la cena en un restaurante de Waikiki con un reguero de orquídeas colgando del cuello! Descubrir a un Carlos diferente, más cercano al del Chami, también fue importante y, por qué no decirlo, estar al otro lado del mundo, entre volcanes y playas increíbles, hace que el archipiélago norteamericanos esté entre mis destinos a volver algún día y compartirlo con quiera disfrutarlo conmigo.

Más recientemente, Innsbruck y Pforzheim (probablemente una de las ciudades más feas de Alemania) también han contribuido a mis recuerdos de lugares felices. Muchos kilómetros en coche, más cervezas de las habituales, lecciones de fútbol impartidas por un buen maestro, una absoluta sinceridad en todo y nada programado de antemano siempre contribuyen a ser feliz unos días mientras se está lejos de casa. En este caso, la suerte de vivir en una medio colonia alemana facilita las comunicaciones y, en dos años, he vuelto a esas tierras hasta en cuatro ocasiones. 

Pero, hoy no toca hablar de volver al paraíso hawaiano, ni a la belleza austriaca. Hoy hablo del lugar al que vuelvo esta semana, un lugar extraño, desconocido, hasta difícil de situar en el mapa. El viernes, después de descubrir durante dos días Estambul, aterrizaré de nuevo en Tbilisi, un lugar en el que ya fui feliz. 

Cuando hace año y medio me planteé ir a la capital de Georgia, no me atraía mucho el destino. En ese momento, el visitar a un amigo pesaba más que el interés paisajístico o histórico de una ciudad que a la gran mayoría nos cuesta relacionar con algo conocido. Llegar es una odisea de escalas y horarios aéreos, con la suerte de que los aviones y aeropuertos me calman, me sosiegan y por ello no me importa pasarme un día entero entre vuelos y terminales. En marzo de 2011 aterricé en dos ciudades alemanes. Ésta, aumento las ganas de repetir felicidad pisando Barcelona y Turquía. 

Volviendo a ese primer viaje, pesaba el desconocimiento hacia un país, también hacia el estar una semana en casa de un amigo con el que no habíamos compartido más horas que las que se acumulan en alguna cena, marchas, partidos de fútbol (uno desde cada lugar del campo), muchos whatsapp y algunas llamadas telefónicas. Pero, también aumentaba el nerviosismo el estar con su mujer, a la que tan sólo conocía de una de esas cenas después de un partido de fútbol. Demasiados miedos, demasiadas cosas nuevas para afrontar en un viaje que, después del primer día, ya veía como uno de esos lugares en los que iba a ser feliz.
   
Año y medio después de mi primera visita georgiana, vuelvo a Tbilisi con la tranquilidad de saber que el país me gusta y, lo más importante, que con Gema y Xisco no hay otra posibilidad que la de ser feliz durante 10 días. Cuando sabes que las risas están aseguradas, que a veces una mirada basta para decirnos lo que estamos pensando, que hay planes pero sin agobios y, que además la ciudad tiene su encanto y, según me cuentan, muchas novedades, las ganas de hacer este viaje multiplican por cien las de la primera vez. 

Con tanto avión dibujado en el calendario, si algo he aprendido es que una ciudad te puede hacer disfrutar, emocionar, reír y llorar. Pero el lugar por sí sólo no te puede hacer feliz. Es la gente que vas conociendo mientras lo descubres la que hace que sea catalogable dentro de los destinos bellos o felices. Pueden ser amigos de toda la vida, familiares o tu pareja (porque el viajar no sólo te enseña sobre el sitio, también sobre las personas con quien lo compartes). Pueden ser desconocidos que se convierten en imprescindibles después de convivir en otro lugar; y pueden ser también aquellos amigos con los que te separan kilómetros de distancia física y con los que los viajes sirven para atar lazos con doble vuelta para que les cueste más deshacerse. Sin duda alguna, en el primer viaje a Tbilisi, el lazo quedó bien firme y la relación posterior con Xisco y Gema hacían que volver fuera casi obligado. A partir del viernes toca ver la ciudad con ojos ya experimentados pero con más ilusión que nunca. Y, lo más importante, toca seguir reconociendo mi máxima fortuna por tener un buen número de amigos a kilómetros de distancia con las mismas ganas, o más que yo, de compartir sus días conmigo. 

Gracias!!!