miércoles, 12 de febrero de 2014

La traición a Clara Campoamor: el voto desde el partido y el confesionario

Doodle del 12 de febrero de 2014: 126º aniversario del nacimiento de Clara Campoamor

Hace meses pude ver la excelente película que hizo RTVE sobre Clara Campoamor, la mujer olvidada. Realmente me sorprendió y me emocionó la valentía que caracterizó a una mujer a la que la historia que nos han contado obvió durante muchos años. Ella fue un ejemplo entre tantas mujeres que mostraron la determinación a la hora de luchar por lo que creían justo, anteponiendo su ideario a la familia y a la seguridad que hubiera supuesto quedarse callada o acatar lo que otros le decían. Hoy, y aprovechando que Google nos recuerda que "la Campoamor" hubiera cumplido 126 años, me atrevo a afirmar que esa "revolucionaria" se habría avergonzado al ver lo que hacen las que le han sucedido en el Congreso sin preguntarse cuál ha sido el camino de la mujer para llegar allí, ni cuál el desandado para la sociedad si sale adelante la nueva ley del aborto.   

La representación y el voto femenino

Clara Campoamor y Victoria Kent fueron las primeras mujeres en ocupar un escaño como diputadas. Era el año 1931 y, en esa época, el voto en las urnas estaba reservado exclusivamente a los hombres. Dos mujeres habían sido elegidas entre los representantes de toda la ciudadanía, pero lo habían hecho sin un solo voto femenino, ni siquiera los suyos. El hecho de que la mujer quedara al margen de la vida política las enfrentó en una lucha dialéctica sobre la capacidad femenina de elegir. Campoamor era partidaria de que se aprobara el sufragio universal; Kent, por el contrario, opinaba que el voto de la mujer sería, en realidad, el voto de su confesor.

En su discurso sobre el voto femenino, Clara Campoamor clama por la justicia que supone el reconocer la capacidad de voto a las mujeres. No sólo a las que se levantaron en favor de la República, a las obreras o a las universitarias, sino a todas las mujeres españolas independientemente de su formación o clase porque todas ellas "sufren las consecuencias de la legislación". Ayer, como regalo de aniversario, las mujeres que 83 años después ocupan esos bancos que ellas estrenaron, dieron la razón a Victoria Kent y votaron desde el confesionario y desde la obediencia al partido.

Traición a los derechos adquiridos

Hay mil voces discrepantes dentro del Partido Popular sobre la reforma del aborto que pretende Gallardón, igual que también las debe de haber sobre la restricción de la justicia universal, aunque la orden de partido sea votar lo contrario. El ministro Ruiz Gallardón, que visto desde fuera y cuando sólo era alcalde de Madrid parecía el político más moderado y moderno del PP, ha resultado ser un aguilucho entre las gaviotas, un radical de la extrema derecha al que nadie se atreve a parar los pies. Ayer tocaba votar la propuesta del Partido Socialista para que la contrarreforma de la ley del aborto ni tan siquiera llegue al hemiciclo. Ayer, por mandato de partido y como bien reconoce Celia Villalobos, vicepresidenta del Congreso, se votaba para mostrar su "rechazo al PSOE", independientemente de si la propuesta tenía coherencia con su idea de lo que debería hacerse o no.

Ayer 350 mujeres y hombres pagados por todos y cada uno de nosotros votaron en el Congreso y nadie se salió del guión que marcó su partido. Nadie se atrevió a "jugarse" su poltrona y defender realmente los derechos adquiridos por todos durante la democracia. Nadie, ni hombres ni mujeres, demostraron la valentía que tuvieron sus precursores y acataron sin rechistar, simple y llanamente por ir en contra del otro partido. Ayer no se votó por España, ni por sus ciudadanos. Ayer se votó para "chinchar" a la oposición y demostrar que aquí, mientras dure este mandato, gobierna el PP y TODOS sus diputados acatarán las directivas que les marquen sin rechistar (mi queja es sobre ayer, aunque podría haberla hecho hace unos años contra el PSOE).

Y ayer a mí como mujer, como ciudadana, como amante de las libertades individuales, 350 personas me demostraron que hay que empezar a recortar bancadas en el Congreso de los Diputados. Ayer se volvió a demostrar que hay una única voz en los partidos y que los leones que protegen la entrada del Congreso, también les defienden de las ideas discrepantes y del sentir de la población. Los generadores de doctrinas asentados en Ferraz y en Génova, deberían tener en cuenta que representan cada uno de ellos a 10 millones de personas. Personas que, en muchas ocasiones, les han votado porque no hay nada más, porque tienen algunos puntos en sus programas que no están mal aunque otros muchos.. "uff". Somos 10 millones de votantes de uno y otro partido con pensamientos e ideas diferentes que agradeceríamos ver representadas dentro, y no sólo en los pasillos del Congreso, por políticos capaces de mostrar su disconformidad a ese "uff" argumentando, sin miedo y sabedores de que ellos también serán la voz de una parte de sus votantes.

Para hacer lo que hacemos ahora, no hace falta pagar sueldo, casa y pensión de jubilación a 350 personas por legislatura.

Así que hoy, entre Google y Gallardón me han hecho recordar a Clara Campoamor y sus discusiones con Victoria Kent y darme cuenta de que, a veces, preferiría ser mujer de esa época y saber que los que me representan pondrán todo su empeño en alzar su voz por lo que ellos creen, no por lo que les dicen los de arriba. Mujeres y hombres que ven recortados sus derechos, los de sus hijos y nietos (en el aborto, para mí también cuenta el hombre) y, aún así, hay un banco lleno de féminas de todas las edades que se levantan y aplauden al ministro que nos devuelve a la época predemocrática.

Con los resultados de estas votaciones, cada vez estamos más lejos de 1931 y más cerca a 1939.


Diputadas aplaudiendo el día en que Gallardón presentó la reforma de la ley del aborto.
 

1 comentario:

  1. Lo que prima es no morder la mano de quien te da de comer y mucho más: empleo millonario, muchas veces, al acabar el trabajo (?) político, una pensión de rechupete y el nivel 33 también de por vida. Con esos mimbres, ética y estética a tomar por... Sin embargo, y eso es quizá lo más doloroso, no aprendemos. Muchos, por encima de los hechos, volverán a votar como si nada. A los mismos.

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