jueves, 30 de octubre de 2014

Desayunos nocturnos

Esta semana los niños han tenido exámenes. Dependiendo del colegio acabaron el jueves o el viernes sus finales. Ahora les esperan dos semanas de clases más y pondrán punto final al curso. En Kenya, los cursos escolares (o las clases, como les llaman ellos) van de enero a noviembre, con dos períodos vacacionales entre medias, en abril y agosto.

Durante las cuatro semanas que llevo aquí he visto a varios chicos de clase 6 y 7 (hasta 8 es Primaria) estudiando en el Aula Bamba. Son niños que viven por la zona, cuyas casas son más pequeñas que nuestra sala multidisciplinar y, generalmente, no tienen luz eléctrica. En el Aula están tranquilos, disponen de una mesa grande, material escolar y libros para poder hacer los deberes. Además,  como el horno de las mujeres que hacen "quequis" está allí dentro, calienta un poco el ambiente.

Estos niños han quemado etapas de su infancia muy rápido. Varios son huérfanos y están a cargo de su abuela, otros no tienen padre o la madre les abandonó hace ya tiempo y, todos sin excepción, viven sin ningún capricho ni cosas que a nosotros nos parecen básicas como puedan ser un vaso de leche diario o huevos.

Por estas razones, decidí que también podía dedicarles algo a ellos, no sólo a los pequeños.  Los mayores no reclaman tu atención,  no vienen corriendo a darte besos ni a pedirte que les compres cualquier golosina. Ellos son los que tienen que ayudar a las abuelas y encargarse de sus hermanos pequeños. Se les pide que limpien, cocinen, controlen a sus hermanos y aprueben para que los padrinos muzungu estén muy orgullosos de ellos. Tienen entre 12 y 16 años y han sido "mis mimados" durante una semana.

Pensé en qué era lo que podía serles de utilidad y me acordé de los "desayunos nocturnos" del CMU Chaminade. Allí, los que estudiábamos por la noche,  podíamos desayunar a las 3 de la madrugada para no perder una de las comidas diarias. Aquí no hay embutido para hacer sándwiches, pero durante esta semana he procurado que comieran proteína animal cada día. Unas noches cenaron huevo hervido y fruta,  otros pan con mantequilla, cada día leche con cacao. Y es que aquí, comprar un refresco cuesta 25 ksh pero si quieres leche, es el doble. Por suerte,  cada mujer Neema tiene al menos una cabra a la que ordeñan y, después de mezclar con agua, reparten su leche entre todos los miembros de la familia.

Así que esta semana el Aula se ha llenado. En vez de dos o tres estudiantes hemos tenido 12. Me da igual si han venido a estudiar o a comer. Para ellos, tan importante es una cosa como la otra.  Para mí,  nacida en el mundo fácil,  imaginarme unos exámenes sin visitas a la nevera, sin buena luz o una mesa amplia y cómoda,  se me hace muy duro. No ha habido caprichos ni chuches y tendremos que esperar unos días antes de saber si estas "cena-desayuno" han ayudado a que obtuvieran mejores calificaciones.  Pero sus caras al ver las bandejas y la jarra de leche han sido más gratificantes que cualquier matrícula de honor.

martes, 28 de octubre de 2014

¡Asante sana por estresarme tanto!

Manejar el dinero, las ilusiones y la confianza de otros genera estrés, mucho estrés.  Ir de un lado a otro, comparar costes,  ver que en Kenya hay precios estipulados y fijos para los materiales de obra, intentar minimizar al máximo los errores,  aprovechar todos los recursos posibles para que tú, él, ella, la amiga de mi madre o el conocido que ha decidido donar algo de su dinero a este proyecto sienta, aún sin vivirlo en primera persona que ha realizado una inversión a presente y futuro para una comunidad que lo necesita y agradece hasta el infinito.

Gracias a esta experiencia con Bamba Project me he dado cuenta de que aquí nos conocen, saben que hay mucha gente en España, en Inglaterra, en Estados Unidos... que se acuerda de Kabarnet y de las necesidades de estos niños,  de los huérfanos y de los que, teniendo padres, viven una infancia con muchas necesidades no cubiertas.

Antes de venir aquí, atender a la llamada de donaciones de ladrillos de Bamba, de maletas escolares de la Fundación Amazonia, de fiestas de Ayuda al Chad o Voluntaris de Mallorca o, incluso, un Vermaki para colaborar con un compañero periodista, me parecía fácil y satisfactorio. Un pequeño gesto que me privaba de algún capricho para mí pero que me llenaba más que cualquier objeto material. Ese gesto de mandar algo de dinero para mejorar la vida de otras personas es satisfactorio y, si conoces a las personas que se encargarán de manejarlo para que se aproveche al máximo,  todavía más.

Ahora veo que estar al otro lado no es tan fácil como hacer una transferencia. El o la que debe definir proyectos, estipular prioridades, organizar campañas de captación de fondos, gestionar las donaciones para que el dinero llegue a aquello para lo que realmente ha sido donado es complicadísimo y genera un gran estrés. Esta posición,  que al realizar la donación nos podría parecer la más cómoda no lo es. Es cierto que cada donación se festeja como si hubiera tocado la lotería pero, a la vez, supone una responsabilidad con la persona que te ha confiado su ilusión y su esperanza en el proyecto. No puedes fallar a los niños del proyecto, como tampoco al que les manda algo de su dinero, sean 2, 20, 200 o 2000 euros.  Todo es confianza depositada en lo que haces y todo merece el máximo respeto.

Estando aquí me acuesto pensando en qué más puedo hacer y me despierto consciente de haber soñado con ladrillos, apadrinamientos, posibles acciones para dar a conocer Bamba Project al mayor número de personas posible y agradeciendo a todos los que antes de venirme o durante mi estancia aquí habéis decidido ser también parte de esta comunidad. Prometo que he intentado aprovechar al máximo cada euro que habéis dejado en mis manos. Las literas están encargadas al carpintero del pueblo, comprados los colchones, sábanas y mantas. Hemos empezado también a picar la piedra necesaria para poner la base al nuevo edificio y hemos ido comprando algunos sacos de cemento (¡a 8 euros el saco!).

Esta semana empezamos a poner las primeras piedras del nuevo centro y estoy tan nerviosa por lo que me van diciendo aquí,  por los números que tenemos que hacer, por los informes que mando a Rocío (la verdadera heroína de Bamba) y a Erik, nuestro generoso arquitecto, por las horas de tomas de decisiones con Rutto y Oyer, por el control de las carretillas de piedras, por tantas y tantas cosas que, cuando la obra era en mi casa y con mi dinero, ni me preocupaban. Por todo ello, admiro de forma incalculable a Rocío y a Eli, por cómo han manejado todo esto durante casi 5 años y porque estando aquí,  sé cierto que cada céntimo que mandé,  llegó y se utilizó de la mejor forma posible.

Asante sana Bamba. Asante sana a todos los que habéis confiado en el proyecto. Asante sana a los niños y mayores de Kabarnet por dejarnos ser parte de su vida.

¡Asante sana por este maravilloso estrés!

martes, 21 de octubre de 2014

Juegos y entretenimientos en Kabarnet

En el orfanato Sunrise y en la zona Bamba no hay videoconsolas, ni juguetes a pilas. Ni siquiera hay cajas con coches, muñecas,  animales o cualquier otro entretenimiento que en España nos parecería normal. Aquí, estos más de 40 niños comparten menos juguetes de los que tiene uno de nuestros hijos, sobrinos o primos de tres o cuatro años. Algunos viajeros trajeron en su equipaje algún peluche, piezas de construcción, automóviles... Entretenimientos que los más pequeños sacan de vez en cuando y que son considerados auténticos tesoros. Los mayores, mucho más acostumbrados a tener que compartir todo, tiran de los juegos de toda la vida para pasar las tardes.

En estas semanas he aprendido a jugar a las chapas haciendo "gusanos" de colores, a saltar un "elástico" hecho con un trozo de lana, a tirar piedras en una mezcla de bolos y petanca al que juegan principalmente los varones o a contar carreras de correr sobre sus manos. También he recordado las figuras de cuerda que hacíamos con los dedos, a hacer rodar una rueda montaña abajo, a usar una tapa de plástico como volante en un tren imaginario y a tirarme por un tobogán que no pasaría ningún control de seguridad infantil.

Lo más difícil ha sido controlar mis instintos para no decir todo el día "no, con eso no se juega" al ver a niños de cinco o seis años coger un gran cuchillo para cortar un trozo de caña de azúcar o atajar un solar colándose entre hilos de espino... Y me callo porque, al fin y al cabo, esta es su vida. Yo soy la extraña,  la rara. Estos son sus entretenimientos, sus momentos de diversión. Los niños con los que trato a diario son ante todo niños. Niños que tienen la gran fortuna de usar su imaginación,  de no aburrirse nunca, de poder ir de un lado para otro sin vigilancia y de hacerlo con libertad,  aunque se abran las rodillas o de vez en cuando lloren porque se han hecho un chichón. Les veo y pienso en esos niños nuestros que para coger la bici llevan casco, coderas, rodilleras, tobilleras... y creo que me quedo con las piedras, las chapas y los hilos... porque esta fue un poco mi infancia. Con elásticos, figuritas, lápices de colores y ayuda los Playmobil fui muy feliz, igual que lo fui durante los veranos yendo libre del apartamento a casa de las abuelas o de los vecinos con la única supervisión de algún primo un poco mayor.

Y aquí, en Kabarnet también me siento un poco niña feliz y salvaje, todavía no me he atrevido a ir descalza,  pero sí me uno a los juegos o a pasar por debajo de la alambrada. Todavía me queda un mes y medio, a lo mejor hasta cojo el machete y me pongo a cortar caña de azúcar.  Quién sabe...

lunes, 20 de octubre de 2014

Ferias y fiestas en Kabarnet

Llevamos desde el jueves de fiestas en Kabarnet. Durante tres días se celebró aquí la feria anual, la Kabarnet Show Ground, que recoge en un recinto inmenso casetas de todos los ministerios keniatas, atracciones para los niños, concursos de ganado, partidos de fútbol y muestras de música y cultura tradicional. Para el pueblo, y para toda la región,  son tres días importantísimos en los que ven demostraciones del gran potencial del país, sirven para aprender nuevas técnicas de cultivo, conocer la "última tecnología" para el hogar y, sobre todo, pasar un día entero (o dos o tres) de fiesta.

La entrada al recinto cuesta por día 100 kshs (1 euro) para los niños y 150 kshs para los adultos. Dentro, cada atracción, cada compra y cada comida también se paga. Por este motivo, los niños del orfanato no pudieron ir. La dueña podría haber hecho algo para conseguir entradas gratuitas, pero no lo hizo. Así que yo me llevé a los hijos de Christie y Rutto, a varios niños de la comunidad y a una de las niñas más mayores del Sunrise. Conseguir comprar la entrada fue una odisea. ¡Ni que se fueran a agotar! Entrar fue más sencillo. Ser muzungu (blanca) ayuda a que me cuelen hasta los militares... Dentro, entendí a mi madre cuando llevarnos a la feria suponía su tortura anual. Riadas de gente,  atracciones preciosas a la par que precarias y hasta vacas desbocadas arrollando a los visitantes.  Aún así, la visita me encantó.

Después de ver como los niños se subían a un tiovivo noria que se ponía en marcha cuando el operario daba un chispazo a dos cables, comer helados y chapati, encontrarme con el primer hombre muzungu en dos semanas y llevar a no sé cuántos niños enganchados durante toda la jornada, nos sentamos en el estadio para ver un partido de fútbol. A mi lado se puso el portero del equipo invitado que, unos minutos antes me había dicho que él prefería ver el partido desde el autobús para que la gente no se le acercara. Mi respuesta fue que no se preocupara, que estando con la muzungu nadie le iba a mirar. Y así fue. Aquí, si miran a alguien es a la blanca, a la diferente entre todos los otros miles de personas que abarrotaban el campo.

Después del "Show" del fin de semana, ayer Kenya celebró su "Homenaje a los héroes", a aquellas personas que durante los cuatro primeros años de la década de los cincuenta lucharon contra el Imperio Británico para conseguir la independencia. La tele me puso al día de esta guerra que se libró en las montañas y selvas del país y me llevé a tres niños al recinto del Museo Nacional de Kabarnet esperando aprender mucho más de este hecho histórico.  En vez de eso nos encontramos a representantes de muchas de las tribus del país, coros de niños y de mujeres mostrando sus repertorios musicales y a muchos, muchísimos políticos dando discursos interminables sobre diferentes temas y, casi todo, en swahili. Así que al Museo tendré que volver y, en cuanto a los héroes que lucharon contra uno de los mayores ejércitos del mundo, mi absoluta admiración y respeto por haber conseguido independizarse de la metrópoli.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Visitando casas Neema: Winnie y Josephine

Winnie vive en una pequeña cabaña con sus hijos Vincent y Félix. En poco más de 6 metros cuadrados tienen una cama, una mesa y una silla. Por suerte, el fuego para cocinar se hace fuera y hay un baño comunitario a unos metros de la puerta. Por esta "habitación" paga 700 ksch, unos 7 euros al mes y se le ve absolutamente feliz y orgullosa de haberla podido alquilar.

Winnie dejó a su marido hace unos años. Él la maltrataba y se iba con otras. Durante un tiempo vivió con su madre pero, desde hace unos meses, puede alquilar esta habitación y tener algo de independencia. Sus hijos están apadrinados por dos españoles que confían en Bamba Project. Gracias a este apoyo tienen la escuela pagada y reciben una bolsa con comida cada primer sábado de mes. Como ellos son sólo tres, el maíz lo alargan hasta la siguiente recogida. Para pagar el alquiler y otros gastos que puedan tener, Winnie trabaja esporádicamente en una casa cerca de la suya y, siempre que puede,  saca tiempo para confeccionar pulseras y hacer panecillos con las Mujeres Neema. Gracias a todo ello espera poder ampliar su habitación y alquilar una casa un poco más grande en la que, al menos, pueda tener separada la zona de dormir y la de comer.

Desde que entró en el programa de Mujeres Neema su vida ha cambiado bastante. Su marido "la busca" diciéndole que cada día la ve más guapa y segura de si misma y ella se sabe realizada y sin necesidad de un hombre que, total, "va a volver a irse con otras porque los negros no sabemos amar como los blancos". Aquí, el deseo prima sobre el sentimiento y ella sabe que tener su propia vida le va ayudar a no depender de caprichos momentáneos, sino que tendrá la capacidad de decisión que hemos conseguido las "muzungu".

A Josephine, o MamaChumba, su marido le regaló al poco de casarse el bebé que acababa de tener con otra mujer. Ella no pudo discutirle nada, se lo quedó y lo cuidó como si fuera de su sangre. Después, fue pariendo uno tras otro hasta a tres vástagos más. El marido, en ese tiempo, no paró de andar con otras mujeres y acabó yéndose de este mundo por culpa del sida. Eso sí, antes de marcharse  dejó infectada a su mujer, convirtiéndola en parte de ese 20% de la sociedad keniata con VIH.

Por suerte para MamaChumba, su marido tenía una bonita casa tradicional con algo de tierra que le permite no pasar hambre y poder dar un techo a sus cuatro hijos, dos de ellos apadrinados por Bamba Project. En cuanto a la enfermedad, cuando entró a formar parte de las Mujeres Neema, su estado era muy malo. Ahora, gracias a tener una obligación diaria, a ganar algo de dinero con su trabajo por primera vez en su vida y al tratamiento que recibe gratuitamente del gobierno, se encuentra más fuerte y mejor.

El mayor orgullo de Josephine es su hija Chumba, que estudia secundaria en un internado. Confía que con educación las mujeres no acepten lo que le tocó sufrir a ella, sean más independientes y ayuden a crecer al país por el buen camino.

Estas son las dos historias que conocí ayer. Las de dos mujeres valientes y fuertes con las que compartí un rato en sus casas, tomando algo mientras charlábamos. Los miércoles serán día de visita a las Mujeres Neema y, viendo lo que he aprendido con las dos primeras, creo que va a ser mi día favorito de la semana. Sin ninguna duda, la realidad de sus vidas es totalmente diferente a la mía (a las nuestras) y tenerlas presentes es necesario para comprender que para que una sociedad avance es fundamental que se haga desde los dos sexos y, aquí, siempre se había obviado a uno de ellos. Por esto es tan importante el trabajo que hace el grupo de Mujeres Neema y tan útil las compras que hacemos de sus productos. Ahora me doy cuenta realmente de que un gesto tan pequeño, tiene una repercusión enorme a su economía y a la vida de todas sus familias.

Gracias a Winnie y a Josephine por dejarme invadir su espacio, por responder a mis preguntas y, sobre todo,  por ser tan tan tan fuertes.

martes, 14 de octubre de 2014

Martes, día para las Mujeres Neema

En mi planning semanal figura que los martes los dedico a estar dentro del Aula Bamba con los grupos de trabajo de las mujeres Neema y hoy no he faltado a mi cita.

El Aula Bamba es un espacio multidisciplinar, no mucho más grande que una clase de colegio en la que hay una mesa central y bordeando las paredes un mostrador, cuatro máquinas de coser,  una tejedora, otra mesa para las reposteras y un horno de leña.  Además, un parque para bebés, dos armarios y un rincón que sirve de almacén para todo tipo de materiales. Esta sala la utiliza por la mañana y hasta las 17 h, más o menos, el grupo de Mujeres Neema, con las que he pasado el día.

En el Aula Bamba las mujeres se dividen en cuatro talleres: las que hacen bollos, las que confeccionan uniformes escolares, las que hacen bolsas de tela y de sacos de cemento reciclados y las que hacen pulseras. Hoy han venido unas 12 mujeres y todas coinciden en la importancia de este proyecto porque les permite llevar cada mes algo de dinero a sus casas.

La situación de estas mujeres no es fácil. Son viudas, mujeres jóvenes casadas con hombres mucho mayores que ellas, segundas o terceras esposas, esposas abandonadas o mujeres con VIH. Todas cargan con bastantes hijos a sus espaldas y aquí encuentran un lugar de reunión a la vez que ven recompensado su trabajo. Por lo que me contaba Esther, la coordinadora de las Mujeres Neema, el nivel de compromiso de todo el grupo es cada día mayor y quieren hacer productos nuevos, innovar, salir a la calle para enseñar sus manufacturas y, en definitiva, que todo el mundo sepa que se sienten enormemente orgullosas de su trabajo.

Por eso he traído ideas nuevas de productos que sé que en España gustarán y con los que nos pondremos a trabajar la semana que viene. Esta, los hemos mirado pero nos hemos centrado en terminar la muestra de cosas que llevarán el jueves a la Feria Anual que se celebra en Kabarnet y en la que están presentes representantes de todos los ministerios del país.  Cruzo los dedos para que todo vaya perfecto.

lunes, 13 de octubre de 2014

Excursiones inesperadas: East Pokot

Hoy iba a empezar mi rutina keniata. La semana pasada hice un planning con Christine (una de las coordinadoras locales) y establecimos tareas fijas para cada día. El fin de semana es para estar con los niños, así que el lunes podía ser de "relax" y dedicarlo a hacer excursiones para, ya que estoy aquí,  conocer algo más de la zona. Así que hoy mi plan era ir al Museo de Kabarnet y recorrer un poco la ciudad. ¡Ilusa de mí!

Cuando he ido a desayunar, Rutto me ha comentado que tenía que ir al internado en el que estudian varios niños del orfanato o apadrinados por Bamba. Su idea era ir en "matatu" (transporte público) porque en coche era demasiada gasolina. Me he ofrecido a pagarla yo a cambio de acompañarles y, sin duda, ha sido la mejor decisión e inversión que podía hacer.

El internado está en una zona asfixiantemente calurosa. Pasar de nuestro oasis verde, fresco y agradable a esa sabana polvorienta ha sido durísimo. Menos mal que las vistas compensaban y lo que iríamos encontrando posteriormente ha hecho del viaje una sorpresa increíble.

Durante los primeros kilómetros hemos ido viendo el Lago Baringo (área que visitaré con más detalle otro lunes), numeras aves, termiteros y... la primera gran alegría del viaje: un rebaño de dromedarios que nos han cruzado por delante mientras yo hablaba con el pastor y le compraba su taburete portátil. La suerte hoy estaba de nuestra parte y unos kilómetros más adelante hemos vuelto a encontrarnos con más dromedarios guiados, como los anteriores,  por unos "pokot". 

El pueblo del internado no tenía nada. Parecía más bien del lejano Oeste que un pueblo keniata. Eso sí,  las construcciones de chapa metálica lo identificaban claramente como africano. Pese a que el pueblo y la escuela tienen poco que ver, sí lo tiene la gente con la que hemos tratado. Más "pokot" a los que se les hacía más extraño ver a una mujer blanca allí que a mí conocer a unos hombres y mujeres pertenecientes a unas de las tribus más conocidas después de los masai. Es divertido y agradable ver la sonrisa que se dibuja en la gente cuando les saludo. Desde el coche lo hago mucho a los niños que gritan "muzungu, muzungu". Hoy, hemos ido un paso más lejos y las pokot me tocaban y corrían lejos. Han tocado mis orejas (en las que ahora no llevo pendientes), las manos, los brazos, el cuello y la cara. Reían al comparar su piel con la mía y yo reía con ellas.

Antes de despedirnos he negociado con una de las niñas que me vendiera su collar y ponérmelo ha sido otra recarga de energía para una vuelta que se ha hecho un poco larga pero en la que hemos seguido disfrutando de la vegetación de clima seco y de los pájaros mientras agradecíamos al niño que nos ha hecho recorrer todos estos kilómetros el haberse portado mal en clase.

martes, 7 de octubre de 2014

Unas pinceladas sobre Bamba Project

Desde que dije que iba a emprender el viaje hacia mi sueño africano, y más ahora que estoy aquí, mucha gente me ha dicho que soy muy valiente, que hago un buen trabajo y que estos niños tienen mucha suerte.

Es cierto,  estos niños son afortunados conociendo cómo es el sistema social keniata. Pero la suerte no se la he traído yo con esta breve estancia.  La verdadera valiente es Rocío Cabeza quien, hace casi cinco años, se "encontró" colaborando en el orfanato Sunrise y decidió que con muy poco podía mejorar la calidad de vida de los niños que allí vivían.

Al volver a Palma enganchó a sus amigos y familiares para que "esponsorizaran" a los niños. Gracias a ellos hay más de un centenar de apadrinados entre el orfanato y algunas familias de la comunidad. Este programa es importantísimo ya que en Kenia los orfanatos son privados y viven de los donativos de la gente. También es privada la sanidad y hay que pagar la educación secundaria. El gobierno sólo manda algo de comida cada cierto tiempo. En cuanto a las familias, es habitual que sean muy numerosas, por lo que el apadrinamiento (de uno o dos niños por familia) permite a las madres saber que tienen unas necesidades básicas cubiertas cada mes.

A la vez que el programa de "esponsorización" crecía, también lo hacía Bamba Project. Se construyó el Aula Bamba, una habitación multidisciplinar en el que las Mujeres Neema (otro de los proyectos) trabajan por la mañana en distintos talleres y por las tardes sirve de zona de estudio para los niños.  Las mujeres, unas 25, se dividen entre las que hacen costura (uniformes escolares, bolsas realizadas con sacos de cemento reciclados...), las que producen brazaletes, otras que hacen magdalenas y unas cuartas que cultivan un huerto situado en otros terrenos de Bamba.

A escasos 200 metros del orfanato (institución que no depende de Bamba pero con la que colabora) y bajo el Aula Bamba, se encuentran también tres casitas de viajeros. Estas preciosas cabañas dan la posibilidad a padrinos, colaboradores y a cualquier persona que desee venir a conocer Kabarnet, de dormir confortablemente y, a la vez, sirven para pagar la educación secundaria (no gratuita) de los niños del orfanato.

En otros terrenos algo más alejados se encuentra la biblioteca y está en construcción un comedor comunitario para las familias y los niños que viven en la parte baja del valle.

Desde el principio he seguido la progresión de Bamba y he ido colaborando de la forma que he podido. La verdad es que ponen muy fácil poder aportar nuestros granitos de arena a través de microdonaciones (un ladrillo por 2 euros), compra de gallinas y cabras o de productos Neema. Ahora, viendo desde aquí la utilidad que tienen esos gestos que a nosotros no nos suponen gran cosa, pienso en el nuevo proyecto, en la responsabilidad y lío que se nos viene encima con la construcción del nuevo "Rescue center" al que van a traspasar a algunos niños que actualmente viven en el Sunrise. Conociendo a estos pequeños y habiéndome contado parte de sus historias vitales, se me hace durísimo pensar que tengan que abandonar su casa para ir a otro orfanato situado en cualquier otra parte del país. Por eso es tan necesario adecuar aquí otro lugar para ellos.

Como ya me considero parte activa para conseguir tirar adelante con la construcción del orfanato Bamba, y viendo los elevados costes de todo aquí, sé que se necesitará de la ayuda de mucha más gente que apueste por seguir dando un presente mejor a estos niños. Imagino que Rocío lleva semanas sin dormir haciendo números, intentando inventar campañas con las que conseguir los fondos necesarios para empezar la construcción y que muy muy pronto dará toda la información mediante el Facebook de Bamba. Desde allí podréis ver los avances del proyecto y, si hacéis una donación, conocer a qué se destina. Desde aquí, haremos el mejor uso posible del dinero para tener cuanto antes las nuevas habitaciones y el comedor terminado.

Asante sana!!!!

sábado, 4 de octubre de 2014

Empieza el gran viaje: Kabarnet

Quien me conozca desde hace tiempo sabe que este viaje no es una escapada, ni siquiera una aventura. Este viaje es el sueño de toda una vida, y lo es por dos motivos: por África y por la cooperación. 


De pequeña, de adolescente, de veinteañera y ahora en los treinta, hacer algo por los demás en otro continente me ha llamado poderosamente la atención. De niña admiraba a los misioneros que salían en los "Aguiluchos" que me regalaba tía Victoria. Ella, como monja, también vio el mundo de los nacidos con menos facilidades que nosotros. Fui creciendo y me imaginaba algún día en alguna "misión" rodeada de niños. Por suerte, los años me han hecho descubrir a todos esos otros "misioneros laicos": voluntarios, cooperantes, docentes, sanitarios, ingenieros... Gente que comparten su tiempo, sus conocimientos y sus ilusiones con otros para intentar hacer de este planeta un lugar más habitable y confortable para todos. Gracias a ellos, mi sueño ha continuado vivo.


Ahora, volando entre Londres y Nairobi pienso en que la vida un día te recuerda que todavía te queda ese algo importantísimo por hacer, eso que, de repente, sin darte casi cuenta, ves al volver la vista atrás y suspiras deseando haberlo hecho. Yo no podía consentir que eso me pasara, ni que ningún miedo me retuviera en casa. Siento que tengo que vivir y que mis circunstancias personales y profesionales son las idóneas para conocer la comunidad Bamba de Kabarnet. Después de casi un lustro viendo en foto los avances conseguidos con los niños,  los talleres de mujeres y las casitas de viajeros, es el momento de poner voz, olor, tacto y sabor a todo ello. Así, en el keniano Valle del Rift, cumpliré la segunda parte de mi sueño, África. 


Siempre he sentido la llamada de África. Admiro a sus gentes, su cultura, sus tradiciones y vestimentas; me alucinan los colores de la tierra y saber que la gente comparte territorio con enormes animales que campan a sus anchas en los grandes parques. A la vez que admiro al hombre negro, reniego de lo que los blancos les hemos hecho durante siglos: dividir artificialmente el continente, explotar a sus pobladores, expoliar sus recursos naturales, obviar miles y miles de muertes anuales por enfermedades para las que existe cura y vacunación e impedir con todo ello un desarrollo mejor del continente. Atiendo a la llamada con miedo a hacer de hombre blanco y esperando sólo estar a la altura de la experiencia que he querido sentir. 


Cumplo uno de los grandes sueños de mi vida tranquila y con mucha ilusión. Es mi tiempo y mi momento para emprender este necesario viaje. Dos meses en los que no sé muy bien qué podre aportar a la comunidad y al proyecto de Bamba, pero de los que sí sé que los kilómetros recorridos para llegar a Kabarnet serán una nimiedad frente a los que recorrerán interiormente mis pensamientos y sentimientos.


Aquí, a punto de que el tercer avión cogido en dos días vaya a tocar suelo africano apago las luces y entro en mi sueño, en uno tan importante que ni el sol podrá despertarme hasta el 8 de diciembre. Te invito a que lo vivas conmigo.