martes, 28 de octubre de 2014

¡Asante sana por estresarme tanto!

Manejar el dinero, las ilusiones y la confianza de otros genera estrés, mucho estrés.  Ir de un lado a otro, comparar costes,  ver que en Kenya hay precios estipulados y fijos para los materiales de obra, intentar minimizar al máximo los errores,  aprovechar todos los recursos posibles para que tú, él, ella, la amiga de mi madre o el conocido que ha decidido donar algo de su dinero a este proyecto sienta, aún sin vivirlo en primera persona que ha realizado una inversión a presente y futuro para una comunidad que lo necesita y agradece hasta el infinito.

Gracias a esta experiencia con Bamba Project me he dado cuenta de que aquí nos conocen, saben que hay mucha gente en España, en Inglaterra, en Estados Unidos... que se acuerda de Kabarnet y de las necesidades de estos niños,  de los huérfanos y de los que, teniendo padres, viven una infancia con muchas necesidades no cubiertas.

Antes de venir aquí, atender a la llamada de donaciones de ladrillos de Bamba, de maletas escolares de la Fundación Amazonia, de fiestas de Ayuda al Chad o Voluntaris de Mallorca o, incluso, un Vermaki para colaborar con un compañero periodista, me parecía fácil y satisfactorio. Un pequeño gesto que me privaba de algún capricho para mí pero que me llenaba más que cualquier objeto material. Ese gesto de mandar algo de dinero para mejorar la vida de otras personas es satisfactorio y, si conoces a las personas que se encargarán de manejarlo para que se aproveche al máximo,  todavía más.

Ahora veo que estar al otro lado no es tan fácil como hacer una transferencia. El o la que debe definir proyectos, estipular prioridades, organizar campañas de captación de fondos, gestionar las donaciones para que el dinero llegue a aquello para lo que realmente ha sido donado es complicadísimo y genera un gran estrés. Esta posición,  que al realizar la donación nos podría parecer la más cómoda no lo es. Es cierto que cada donación se festeja como si hubiera tocado la lotería pero, a la vez, supone una responsabilidad con la persona que te ha confiado su ilusión y su esperanza en el proyecto. No puedes fallar a los niños del proyecto, como tampoco al que les manda algo de su dinero, sean 2, 20, 200 o 2000 euros.  Todo es confianza depositada en lo que haces y todo merece el máximo respeto.

Estando aquí me acuesto pensando en qué más puedo hacer y me despierto consciente de haber soñado con ladrillos, apadrinamientos, posibles acciones para dar a conocer Bamba Project al mayor número de personas posible y agradeciendo a todos los que antes de venirme o durante mi estancia aquí habéis decidido ser también parte de esta comunidad. Prometo que he intentado aprovechar al máximo cada euro que habéis dejado en mis manos. Las literas están encargadas al carpintero del pueblo, comprados los colchones, sábanas y mantas. Hemos empezado también a picar la piedra necesaria para poner la base al nuevo edificio y hemos ido comprando algunos sacos de cemento (¡a 8 euros el saco!).

Esta semana empezamos a poner las primeras piedras del nuevo centro y estoy tan nerviosa por lo que me van diciendo aquí,  por los números que tenemos que hacer, por los informes que mando a Rocío (la verdadera heroína de Bamba) y a Erik, nuestro generoso arquitecto, por las horas de tomas de decisiones con Rutto y Oyer, por el control de las carretillas de piedras, por tantas y tantas cosas que, cuando la obra era en mi casa y con mi dinero, ni me preocupaban. Por todo ello, admiro de forma incalculable a Rocío y a Eli, por cómo han manejado todo esto durante casi 5 años y porque estando aquí,  sé cierto que cada céntimo que mandé,  llegó y se utilizó de la mejor forma posible.

Asante sana Bamba. Asante sana a todos los que habéis confiado en el proyecto. Asante sana a los niños y mayores de Kabarnet por dejarnos ser parte de su vida.

¡Asante sana por este maravilloso estrés!

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