miércoles, 12 de noviembre de 2014

Graduada en graduaciones escolares

El curso no ha ido bien. Casi la mitad de los niños del orfanato o de la comunidad en enero tendrán que empezar, otra vez, el mismo curso que hoy han terminado. Mirándolo con ojos blancos, lo ves hasta normal. He podido entrar en dos clases de segundo de primaria. En una hay 61 alumnos, en la otra 64 que reciben clases bajo un techo metálico y sofocante. Por la tarde, compaginar los deberes con tareas como lavar la ropa, ayudar en la cocina, ir a por agua o encargarse de los animales o los hermanos pequeños,  tampoco ayuda. Para rematar, una vez se va el sol, toca estudiar o hacer la tarea bajo una luz de gas o una linterna.

Es difícil estudiar así,  pero más difícil es captar la atención en clase a unos niños que aprenden antes a desconectar que a escuchar. Son niños acostumbrados a unos discursos largos y monótonos, a misas de cuatro horas, a no preguntarse nunca "¿por qué?". Uffff, con lo pesada y, a la vez, útil que es la etapa "por qué" en la otra parte del mundo.  Aquí las cosas son así.  No hay más. Las clases en la escuela públicas que más gustan son masificadas, en las otras, los números son más "occidentalmente normales". No hay límite porque la población infantil es elevadísima. Además, aunque sea pública y gratuita, se pide a los padres que colaboren para arreglar loa baños, comprar cristales para las ventanas... En fin, cuanto más niños, más se puede "mejorar" el colegio. Eso sí,  pongo el mejorar entrecomillado porque viendo el estado de las ventanas, no sé cuándo fue la última vez que cambiaron loa cristales rotos.

En las últimas dos semanas he ido a tres finales de curso: el de Lucy y Dismus, en una escuela para niños sordos en Eldoret; la graduación de infantil en Sunrise Academy y la de VISA, escuela a la que van la mayoría de mis niños conocidos. Me ha faltado Kaptimbor, la segunda con más alumnos Bamba y en la que, según dicen, la educación no es muy buena. Puede no ser buena, pero las clases tienen un 50% menos de alumnos y yo, con mi mentalidad muzungu, al final me pregunto si es mejor una enseñanza más buena para la mitad de la clase (la otra, ni oye ni se le escucha), o una peor en la que todos los niños puedan tener las mismas posibilidades de aprender.

Edito unos puntos más que, al publicar la entrada se me habían olvidado.

Aquí la nota final va, dependiendo del curso, sobre un máximo de 700, 600 o 500 puntos. Cada asignatura tiene un examen final por cuatrimestre y, al final, se suman todas las notas. Esta nota final pondrá al alumno en un orden en clase y en la graduación se les nombra siguiendo el orden para entregarles sua regalos de final de curso: cubiertos, platos o tazas, dependiendo del curso.

Siguiendo esa misma nota, también se hará el corte para pasar de curso o repetir. Entre los niños, muchos repiten por estar dos o tres puntos por debajo de ese listón que separa a los promocionados de los repetidores. 

Creo, por lo que he entendido, que su repesca está en enero. No sé bien qué exámenes tienen que repetir,  ni si conseguirán pasar de curso algunos de los que ayer lloraban. Espero que alguno se salve y pueda seguir con los de su edad.

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