jueves, 20 de noviembre de 2014

Médicos que devuelven sonrisas perdidas

Pocas cosas duelen tanto como ver a un niño (o a dos como ha sucedido hoy) tragándose las lágrimas,  llorando hacia adentro por sentirse enfermos y que nadie "responsable de ellos" atienda su necesidad de ir al médico.

Les veo y se me saltan mis lágrimas y las suyas. Me he pasado más de dos semana pidiendo que llevaran a Vicky al hospital. Le han acusado de fingir por querer estar más conmigo y ha recibido algún cachete por ello. Y yo, más he llorado al saberlo.

Él, el niño de 4 años que me ha adoptado y que cada mañana corre hacia mí con una gran sonrisa, está triste. Intenta sonreír, pero sus ojos dicen lo contrario. Lleva dos semanas aguantando ratos buenos y otros en los que no puede cargar con sus 12,9 kg. Se queda dormido sobre el suelo, una mesa o, si tiene suerte, en mis brazos. El lunes le llevaron al hospital. Tiene malaria. Hoy, cuando ha venido a verme, he notado que tenía otros síntomas. Cada vez que tose, una gran lima le raspa por dentro. Duele sólo de oírle. Él, termina de toser, se muerde los labios y sigue tragándose las lágrimas. Yo le miro y le admiro. Además de la tos, la fiebre se ha apoderado de él y, cuando se ha quedado dormido en mi regazo, he decidido que hoy le llevaba yo al médico.

Por el camino, otra sonrisa triste nos ha interceptado y se ha subido a mis brazos. Victoria, de también cuatro años, lleva semanas aguantando una otitis tan terrible que le hemos visto (y olido) el pus de su oreja izquierda durante muchos días seguidos. Ayer fue al otorrino. En el hospital público sólo visita los miércoles,  así que ayer tuvo suerte y fue. Pero la suerte se limita a saber lo que tiene, a una receta de medicinas y a otra cita con el especialista para dentro de un mes. Esta mañana seguía igual, nadie había comprado las medicinas y su dolor de oídos le machacaba toda la cabeza.

Después de negociar con la cuidadora, me he llevado a los dos niños a "mi médico". Ellos normalmente van al hospital comarcal,  un sitio inhóspito,  frío y desagradable en el que he estado tres veces. El médico ni te mira y, pese a que la consulta es gratis, las pruebas y los tratamientos son de pago, y de un pago muy caro para lo que es el salario de un keniata. Por poner un ejemplo, llevar a un niño a que le pusieran tres puntos en la cabeza costó unos 1200 kes entre la anestesia, la vacuna antitetánica y coser.  Si tienes malaria, la prueba son unos 200 kes a los que hay que sumar las pastillas. Aquí, si ganas 5000 kes al mes, eres afortunado siempre que ninguno de tus hijos se ponga enfermo...

Yo he encontrado un médico privado al que he tenido que acudir por problemas en la piel dos veces. La consulta está limpia, es un sitio tranquilo y el médico es amable con todos. Allí sigo siendo una mzungu que llama la atención por las venas azules cuando me tienen que poner una inyección o porque mi piel se pone roja cuando algo no le sienta bien. El médico me enseña a todo el personal de la consulta. Como ya me ha curado dos veces le dejo hacer y me expongo a sus miradas. No me importa porque a la vez, me cobra como a un local y siempre me deja hacerle preguntas sobre los síntomas de los niños.

Hoy, le he llevado a dos de esos niños que me preocupan, a Vicky y Victoria. Les ha pesado, tomado la temperatura, auscultado y preguntado. Vicky suma a su malaria una infección pulmonar. Tres días de dos jarabes para la tos y una semana de antibióticos.  Victoria ya tiene medicina para la otitis y un jarabe para su tos. Han salido contentos porque les han tratado como a niños, con cariño y comprensión y porque han empezado con sus tratamientos sabiendo que pronto podrán volver a sonreír de verdad.

La consulta son 300 kes por paciente. Las medicinas, bastante más. Para mí, que el sábado me voy "de vacaciones" a recoger mi regalo de Reyes, saber que están medicados y que volverán a ver al médico la semana que viene es una tranquilidad que no se paga con dinero.

A ver que me encuentro a mi vuelta...

2 comentarios:

  1. La aplicación para móvil de Blogger hoy no me deja editar la entrada. Las fotos corresponden a: Vicky y Victoria esperando para ver al médico, sala de extracción de sangre del Hospital Comarcal, sala de espera del laboratorio del Hospital y Vicky en uno de sus momentos de bajón dormido sobre una mesa.

    ResponderEliminar
  2. Te sigo y sé de tus avatares, pero hoy he visto que ha entrado en mi blog alguien de Kenia, y no puede ser otra que tú. ¿Cómo va todo? ¿Dispuesta a nacionalizarte ahí? Pero antes, vuelve para una cenita y contarnos con pelos y señales. Y de paso hablo con un dermatólogo para que te eche un vistazo...
    Un abrazo

    ResponderEliminar