domingo, 16 de noviembre de 2014

Seis semanas en multicolor

Hoy cumplo 6 semanas en Kabarnet. He superado ya las dos terceras partes de la aventura keniata y, hasta ahora, la experiencia no puede ser más positiva. Pero, a la vez, los síntomas de agotamiento físico y mental cada vez son mayores.

Esta semana hemos empezado con la obra del Rescue Center.  ¡Madre mía,  con la poca paciencia que tengo yo cuando hay albañiles por medio y me vengo a controlar a siete que van a construir el proyecto más grande al que se enfrenta Bamba!. Presupuestos, visitas a "mi amiga" la india que tiene una tienda de materiales de obra, mails y horas de whatsapp con Rocío y Erik, negociaciones con los albañiles, definición de fechas y fases, más idas al pueblo para comprar cemento, angustias porque se nos acaba la tierra para mezclar... y todo ello, sin conciliación con la "vida familiar". Los niños y las mujeres Neema siguen reclamando mi atención y yo, a la vez, les sigo pidiendo cosas para que pueda volver a España lo más cargada posible de cartas para padrinos y productos para que en Navidad nadie se quede sin su estuche de cemento, su pulsera o su bolsa. Productos que, casi directamente,  pasarán de mi maleta al mercado navideño de Portals (que nadie me falle, os quiero a todos viniendo a verme por allí)

Por si esto no fuera suficiente, Ruto (el coordinador local), me dice que desde que estoy aquí él se ha quitado el estrés porque "ya paso yo los partes a España". Desde nuestra isla, también me transmiten que hay más tranquilidad por saberme a mí aquí.  Y yo, sonrío pensando que a mí se me acumula mi estrés,  el de Ruto y el de Rocío y Eli. ¡Sonrío y veo como mi cuerpo empieza a generar ronchas de dermatitis nerviosa!

Es cansado no tener ni un día libre, pero la recompensa vale tanto la pena que pienso que ya descansaré algún fin de semana entero del año que viene. Saber que estos niños, a los que ya adoro, van a poder tener una vida un poco mejor es el mejor premio al agotamiento acumulado durante estos meses.

No negaré que empiezo a soñar con un tartar de bonito de mi tío Xisco, ni que hace semanas que necesito algún lácteo. Aquí mi alimentación se basa en pasta o ugali (una masa hecha con harina de maíz), espinacas y legumbres. Una vez por semana como pollo en la ciudad. No es gran cosa, pero al menos son algunas proteínas que me permiten mantenerme más activa a 2000 metros de altura. El tema altura influye en el cansancio físico, pero la llevo bastante bien.

Han sido muchos cambios en mi vida, pero estoy mucho más feliz de lo que he sido en toda mi vida. Desde que llegué a ahora, conozco mucho más mis límites y, aunque hoy me hubiera quedado en la cama descansando, me veo mucho más fuerte que nunca, más activa, capaz de manejar mil frentes y con muchas ganas de seguir haciendo cosas aquí, pero también en España.
Y creo que el agotamiento es tan tan pasajero, que ahora que empieza la cuenta atrás para volver a Palma, ya hago cálculos de cuándo podré reencontrarme con Kenia y con toda esta gente que me ha adoptado como una hija, una hermana y una madre. Así que, seguiré aprovechando cada momento de muzungo soplando hojas, abrazando y dando mil besos diarios. Nunca estar tan rodeada de negro había significado poner en mi vida tantas variedades de color.

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