martes, 2 de diciembre de 2014

El paso de niño a hombre

Antes de irme a Masai Mara, cuatro de los chicos más mayores del orfanato emprendieron un viaje mucho más relevante que el mío: se fueron siendo niños y volveran convertidos en hombres.

Aquí, cada una de las 42 tribus kenianas tiene sus ritos y ceremonias para este momento y la mayoría (creo que sólo los luo se salvan), incluyen la circuncisión en el proceso.

Nuestros chicos son kalenji y su ceremonia (o lo que he podido saber de ella porque al ser mujer no me lo cuentan todo) consiste en pasarse un mes entero en el bosque desnudos y superando varias pruebas que les van poniendo. Estas pruebas les preparan para aguantar el dolor que les espera cuando les corten la piel que les ha protegido de niños para ser ya hombres de verdad. Aunque hay gente que empieza a circuncidar a sus hijos en hospitales, la mayoría de las ceremonias se realizan en el bosque o en casas y para tal utilizan cuchillos o cuchillas de afeitar. Nuestros niños tienen la suerte de pertenecer a un grupo de 15 futuros hombres que contarán con la supervisión de un médico que, en el "quirófano" forestal velará para que todo salga lo mejor posible.

Después de la operación los "hombres" de 14 o 15 años cubrirán su pene durante un día con gasas. Sólo un día. Al quitarse la protección serán ya adultos capaces de guerrear y de responsabilizarse de sus familias.

No sé cómo les cicatriza la herida, ni tampoco he podido averiguar las estadísticas de infecciones. Sí dicen que estas prácticas ayudan a combatir el contagio de VIH y que los luo, únicos no circuncidados, tienen mayores tasas de sida entre sus habitantes. No sé si en ello tendrá que ver su "pellejo" o lo promiscuos y polígamos que son. Son datos difíciles de conocer en Kenia.

Preguntando a mujeres sobre estas prácticas, dicen que está bien porque así "los hombres demuestran la fuerza que tienen que tener" y lo hacen sin llorar, "porque los hombres no lloran". Desde mi pensamiento mzungu, me quedo con un hombre que sienta dolor y sea capaz de empatizar con el mío, con uno que llore si algo le emociona y que me haga llorar a mí de felicidad. Desde mi visión ya medio africana, y pese a que me parezca una crueldad circuncidar a un niño sin anestesia, son sus costumbres y está bien que conserven el mayor número de ceremonias posibles durante el tiempo que Occidente y el desarrollo tecnológico se lo permita.

1 comentario:

  1. Sobre la circuncisión, por necesidad o costumbre, nada que decir. Ahora bien: de proteger de la infección por VIH, nada de nada.

    ResponderEliminar