miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz 2014, feliz 2015

Ahora mismo estoy entre dos años, entre dos mundos. En Kenia hace una hora que han dado la bienvenida a 2015. Aquí todavía nos queda una de 2014. Es extraño porque esta diferencia horaria es exactamente donde estoy atrapada desde que llegué. Tengo el cuerpo aquí, en el año pasado, en mi vida pasada. Tengo la cabeza allí, en mis meses más felices, en el año que viene, en organizar cuándo podré volver y en buscar la manera de residir durante más tiempo en África.

Aquí, donde todavía es 2014, este año ha habido grandes momentos. Bodas de amigas y primas, bebés que llegan y otros que están en camino, couchsurfers a los que agradeces que la vida haya puesto en tu camino, proyectos que salen adelante. Viajes a Nueva York, Bratislava, Budapest, Roma, Valladolid, Madrid, Barcelona, Valencia, Castellón, Formentera y hasta una despedida en Marina d'Or. Pero, si 2014 tiene un color diferente es por Kenia, por Kabarnet.

Hace poco más de 20 días que llegué y no había sido capaz de escribir a qué huele y sabe, qué color tiene África y si mis miedos al ir estaban más que justificados. Todavía cuesta contar lo vivido porque toca dentro. Porque recordar a 8000 km de distancia duele. ¡Y mucho! Porque nunca pensé que fuera más fácil adaptarse a vivir con mucho menos que volver a tenerlo todo y más. Porque aquí me estresa el ruido y las luces, porque echo de menos oír a todas horas gritos de Marrrrrriaaaaaaaa y mzungu. Porque parte de mí se quedó allí y la otra parte ha venido con demasiados "síntomas extraños" y porque no me apetece readaptarme a mi trabajo, a mi casa.


Allí era María o Marria. Recibí nombre kalenji: Jepkemoi, que significa "nacida por la noche" y hasta me pusieron nombre masai cuando visité Mara, Naserian. Sólo fui Lluc una semana, mientras estuve con otros mzungu en Enkewa. No echaba de menos estar entre blancos. Pero fue una semana que agradeceré siempre a Rocío y a Jose. Fue la forma de enamorarme del todo de África, de ver que hay mucha más gente buena de la que pensamos y que lo no esperado a veces es el mejor regalo que nos podemos hacer.

Con estos pelos de loca saludé a mis primeros elefantes. 


La llegada de Masai Mara a Kabarnet fue un drama. Por mucho que Manolo intentara pintarme la piel con sus manos o que otros intentaran alargarme mis lunares para hacerme más parecida a ellos, volvía a ser consciente de que al cabo de una semana iba a estar de vuelta en Palma, entre blancos y comodidades. Que la experiencia Bamba tocaba a su fin.

Así como los niños iban dándome abrazos y besos, las lágrimas invadían mis ojos y causaban cascadas por mis mejillas. Ese fue el día en que me di cuenta de que esa gente era ya parte de mi familia y habían contribuido a los dos meses más felices e importantes de mi vida.



No sé cuándo volveré. Querría que fuera lo antes posible para no olvidar que Kenia huele a hoguera, a tierra mojada, a niño recubierto de vaselina. Querría que fuera para una larga temporada para volver a recordar que mi África sabe a ugali, a maíz, a chapati, a frutas exóticas, a legumbres y a verdura. Que la carne y el pescado son un auténtico lujo y que la mayoría del mundo no tiene postre en las comidas.

Pero, lo más importante, quiero volver porque ya sé cuáles son los colores de Kenia. Kenia se ilumina con grandes sonrisas de niños y mayores que no tienen casi nada material, pero comparten todo. Kenia son todo colores sobre una piel negra y tersa. Son collares y telas preciosas, amaneceres y anocheceres espectaculares, días claros, noches estrelladas. Son acacias, pájaros con tonalidades de plumas imposibles de dibujar, elefantes de piel rugosa, leones de ojos amarillos y una tierra rojiza que te atrapa. Son camisetas, manos y caras sucias que te abrazan sin que te importe en qué tono de marrón van a dejar tu ropa.

Y sí, mi miedo a pisar África era real. Sabía que iba a engancharme, pero no podía imaginar que fuera con un imán tan potente. Acabo mi año africano pensando en que ellos ya están en otro que debe suponer más y mejores experiencias para todos. Empezaré el mío consciente de que nacemos en un sitio, pero nuestro lugar puede estar a muchos kilómetros de distancia y con unas personas que no se parecen en nada a las que estamos acostumbrados. Tomaré las uvas dando gracias a mucha gente, pero también a la lotería de la vida que me dio la oportunidad de nacer mujer en una época y un lugar en el que puedo decidir y vivir mis sueños. Sueños por los que merece la pena luchar y cumplir.

By 2014, welcome 2015.

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