miércoles, 24 de diciembre de 2014

Nos vemos en otra vida Karanja

Ayer hizo dos semanas de mi vuelta a Palma. Han sido dos semanas entre médicos y cama. Dos semanas con fiebres, con el cuerpo dolorido y el alma en pena. Con cero ganas de adaptarme a la que debería ser mi vida. Dos semanas en las que pensar en los niños de Kabarnet duele demasiado y en la que la grandeza de Masai Mara me ha salvado de caer en un mar de lágrimas. Me ha salvado hasta hoy. Hoy he empezado el día triste. Hoy ha muerto Karanja.

Karanja era uno de esos animales que te hipnotizan desde el primer minuto. Un animal al que observas de arriba a abajo, que te hace fijarte en cada pliegue de su cuerpo, en los picabueyes que se alimentan de los parásitos que habitan en su rugosa piel y, cómo no, en la enorme cornamenta que le hacía el rinoceronte más fotografiado de Masai Mara. Karanja era un emblema del Parque, un ser al que deseabas tener la suerte de encontrar y al que ver era sinónimo de haber vivido un buen safari, una experiencia inolvidable.   

Después de casi cuarenta años amaneciendo bajo el sol africano, marcando territorio con su incalculable fuerza y luciendo sus dos gigantescos cuernos por la sabana, Karanja esta mañana no se ha vuelto a levantar. Sabíamos que este día iba a llegar pronto, pero una pérdida así nunca deja de sorprender y de crearte un gran vacío cuando recibes la noticia. 


Yo sólo le vi un día. Fue suficiente para que me cautivara con su paso lento y pesado, con los bufidos que hacía al respirar, con su mirada dura y cansada. El día que le conocí los veterinarios nos anunciaron que no iban a hacer nada más por él. Que estaba llegando al fin de su ciclo vital y merecía respeto para afrontar su última etapa sin que se le molestara. Ese día nos pasamos mucho tiempo mirándolo, conociéndonos y despidiéndonos al mismo tiempo. Desde entonces, hace casi un mes, le he seguido admirando en fotos, sin acabar de creerme la fortuna que tuve de estar tanto tiempo frente a él.   

Hoy Masai Mara está triste, como también lo estamos otros que tuvimos el enorme placer de ver al rinoceronte negro más longevo de la reserva. Desde hoy ver a los "big five" allí será un poco más complicado. Sin duda se añorará ver al más grande de uno de los cinco grandes, al más carismático, el que merece un lugar privilegiado en la memoria de todos los que le vimos y le admiramos.

A 8000 km de distancia me uno a la pena que tienen los que le buscaban a diario, los que le saludaban con una sonrisa en la mirada y los que se preocupaban por su salud. Ellos, daba igual las veces que le tuvieran delante, siempre lo contemplaban con respeto. Para ellos hoy no es buen día ni será una noche buena. Para mí, me queda el haberle conocido y agradecer esas horas entre sus arbustos a Dennis, Jose, Tipira y a todo el personal de Enkewa y del "Rhino Team". Hoy, si les pudiera mandar un abrazo hasta Kenia, sería tan grande como la distancia que nos separa.

 Y a ti, Karanja, sólo decirte que nos vemos en otra vida.

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