lunes, 1 de diciembre de 2014

Valiente Valentine

Valentine tiene 10 años y la cara más bonita que he visto nunca. Siempre sonríe. Da igual que sea bailando,  cantando en perfecto castellano "cumpleaños feliz" o interpretando con unas dotes dramáticas magistrales cómo recibieron todos el sábado 4 latigazos en las piernas por desobedecer una estupida orden. Yo, mientras, me trago los insultos hacia la mujer que intenta aleccionarles a base de golpes y conservo una mueca que quiere imitar su imborrable sonrisa.

Esa misma sonrisa le acompaña cuando le toca duchar o cambiar a Manolo.  Cuando por la noche le despierta la tos de alguno de los niños más pequeños y ella les da el agua con limón y miel que hemos preparado durante la tarde. También me ha sonreído hoy, cuando me ha contado que Dios le salvó la vida el día que su madre decidió lanzarla a una letrina.

No sé cómo se lo contaron a ella. Pero su forma de explicarme que al poco de nacer su madre la envolvió en papeles y la tiró por el agujero de las letrinas ha sido sobrecogedor. Según su narración y sus gestos, desde dentro de los excrementos, y sólo con la cabeza descubierta, lloró fuerte, muy fuerte, hasta que un hombre la oyó y pudieron rescatarla. Para ella, que no sabe nada más ni de su madre ni de su padre, ese hombre era un enviado de Dios que le salvó la vida.

Yo, más que en la ayuda de Dios, creo que se salvó ella sola para darme (darnos a los que hemos pasado por Kabarnet) una lección de fortaleza y de superación diaria. Sus sonrisas y gestos siempre dulces pese a la dureza de su vida son, probablemente, una de las grandes enseñanzas que me llevo de este lugar. Comparar mi vida con la suya es imposible y dolorosísimo. Siempre he sido consciente de la suerte que tengo con mi familia, no solo con mis padres y mi hermana, también con mis abuelas y todos los tíos y primos Alemany y Morell. Ahora los pienso y sé que cualquiera de ellos se lanzaría por mí a rescatarme de ese pozo negro al que tiraron a Valentine si fuera necesario. A ella la rescató un hombre desconocido y le estamos dando cariño,  besos y abrazos mzungus de la otra parte del mundo. Ella nos da todo y a mí se me hace imposible pensar en el resto de mi vida sin compartir risas y sonrisas con ella.

Valiente Valentine, no podían haber elegido mejor nombre para ti. Valiente Valentine, contágiame muchas sonrisas para acallar mis lágrimas cuando tenga que volver la semana que viene a mi otra casa.

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