viernes, 15 de enero de 2016

Consenso para un bien mayor

En el último año y medio cuatro de mis mejores amigas han sido mamás. En estos 18 meses he visto como cuatro mujeres han criado a sus hijos de la forma que han creído más correcta, siempre haciendo encajes de bolillos con su situación profesional y la de sus parejas. En seis estaciones he aprendido que la forma de crianza es una elección de cada uno y que esa elección se hace siempre pensando en lo mejor para el que acaba de llegar. Nunca por el qué dirán.

En estos 18 meses he aprendido también que las circunstancias de una mujer (generalmente somos las mujeres las que nos hacemos cargo la mayoría del tiempo de los niños pequeños) varía en todos los aspectos de la vida. Cada una ha vuelto al trabajo cuando ha podido y ha dejado al bebé con quién o dónde las circunstancias le han permitido. Una cogiendo excedencia y "alargar" la entrada en la guardería hasta que el niño tuviera 8 meses; otra reincorporándose a los dos meses de dar a luz gracias a que su madre y su suegra se han "turnado" a la niña y pudiendo así tener más meses de jornada reducida; la otra organizando turnos con el marido; y la cuarta, todavía está por ver. En cuanto a las amistades, también hemos cambiado nuestras "rutinas" de cenas o salidas por desayunos o meriendas. Eso, o quedadas en casas donde los niños pasan de brazo en brazo y las conversaciones han dado un giro radical hacia pañales, guarderías, pediatras, horas de sueño...

Al principio tanto cambio cuesta, sobre todo para las que no hemos visto crecer nuestra familia. Es una reestructuración de todo el sistema al que estábamos acostumbrados. Pero, nada de ello es un gasto ni una pérdida. Es una situación temporal que se alargará muchos años, pero a la que nos acostumbramos y hasta echamos de menos cuando llevamos un tiempo sin ver a esos pequeñajos.

Los amigos nos adaptamos a horarios, actividades y situaciones que sean beneficiosas para los bebés, pero que también nos den lo mejor de los ratos en los que estamos juntos. Estos niños son el futuro del país, una inversión que tenemos que cuidar de la mejor forma posible.

Todo esto viene a colación del bebé de Carolina Bescansa en el Congreso de los Diputados. Sí, es una situación atípica porque ella puede llevar a su hijo al trabajo. Pero no deja de ser una situación que expone públicamente un problema social generalizado. Las mujeres hemos saltado de la casa al trabajo, a la jungla laboral sin resolver problemas de base, sin una red que salve la maternidad. Queremos que la población crezca, pero sin dar solución a cómo hacerlo más que con un "ser supermamá", "arréglatelas cómo puedas" o un "pues como yo hice esto, tú no serás menos".  Nosotras somos nuestras propias enemigas porque aplaudimos iniciativas de campañas como la de #yonorenuncio #yoconcilio, pero ponemos el grito en el cielo cuando una "privilegiada" lleva a su hijo al trabajo consiguiendo esa conciliación porque tú no lo pudiste tener. En el trabajo y en la maternidad no hay compañero más duro y crítico que otra mujer.

¿Y si pensamos que esa diputada ha podido empezar un debate social necesario? ¿Y si vemos que una madre puede ser igual de productiva con el bebé a su lado que con la preocupación de tener que correr para ir del trabajo a la guardería? ¿Y si vemos que la mujer ha accedido al mundo laboral recientemente sin adaptar ciertas normas para que podamos seguir siendo madres y trabajadoras? ¿Y si agradecemos los beneficios de cada trabajo en todos los aspectos sabiendo que llegar a ellos no es más que una decisión personal?

Y, lo más importante, ¿y si dejamos de juzgarnos las unas a las otras y vemos cómo actuar conjuntamente para alcanzar en general un bien mayor?

1 comentario:

  1. Las unas a las otras y los unos a los otros. Ya sabemos que sin contrarios no hay progreso, pero éste necesita que de las opiniones encontradas surja una tercera, suma de las anteriores. Asunto difícil, por lo que estamos viendo, y no sólo en cuanto a asuntos de género...

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