viernes, 19 de febrero de 2016

Sa Feixina no me molesta pero...



Mañana varias asociaciones de vecinos han convocado una concentración bajo el lema "Sa Feixina no se toca" para intentar que ese monumento construido como homenaje a los caídos en el Crucero Baleares, y reconvertido en "símbolo democrático", continúe en pie. 

Una de estas asociaciones es la mía, la del barrio de Sant Jaume. Una asociación cuyo primer comentario sobre esta manifestación, publicado en Facebook bajo un enlace a la noticia de la convocatoria ciudadana fue el siguiente: 



"Si no te molesta el monumento". No, el monumento no me molesta. No me molesta porque en mi familia no hubo un solo muerto durante la Guerra Civil. Ni de un lado, ni del otro. Ni siquiera hubo un familiar que luchó en el frente. Ni en un lado, ni en el otro. No me molesta porque forma parte del barrio, lo he visto siempre, aunque no siempre he sabido a quién y a qué iba dedicado. 

No me molesta verlo, igual que no me molestaban otras reseñas a una guerra que no viví y sobre la que mi familia no sufrió más que alguna privación durante los años del conflicto. Una guerra cruel que marcó al país. 

No, no me molesta que esté el monumento. No me molestaba cuando estaba dedicado a las víctimas del Baleares, ni lo hace ahora que tiene una placa en nada menos que cinco idiomas y que reza: "Este monumento fue erigido en el año 1945 en recuerdo de todas las víctimas del hundimiento del crucero Baleares durante la Guerra Civil (1936-1939). Hoy es para la ciudad símbolo de la voluntad democrática de no olvidar nunca los errores de las guerras y las dictaduras".  

    
El monumento antes de 2010 y después de la eliminación de los símbolos franquistas. 


Obviamente no me molesta porque no me afecta ni me ha afectado nunca el motivo de su construcción. Pero sí me molesta saber que hay gente a la que le duele verlo. Gente que cada vez que pasa por delante recuerda las injusticias que provoca una guerra. Los muertos de primera y los muertos de segunda. Los que saben a los suyos enterrados en cualquier parte y los que tienen un monumento para sus "héroes" fallecidos. Un monumento levantado como homenaje a unos muertos que eran parte activa del conflicto, combatientes que en el momento de ser torpedeados escoltaban a un convoy procedente de Italia, una pequeña flota dispuesta a atacar a poblaciones en las murieron y morirían ancianos, mujeres, niños, quizás, alguno de esos muertos, familiares de ese al que verlo le duele. Y, para más dolor, un monumento inaugurado en 1947 a bombo y platillo por el dictador que gobernó España durante 40 años. No me molesta, pero sabiendo qué es y para quién era, no lo necesito como "emblema y faro" del barrio. 




No me molesta que esté. Pero tampoco lo echaré de menos si lo eliminan, como tampoco noto en falta la cruz a los caídos o el monolito conmemorativo a los Jinetes de Alcalá, retirados en 2008 y 2009 respectivamente. Entenderé la alegría de aquellos que podrán pasar por Sa Feixina sin que un monolito de marés les recuerde el dolor de unos años que sacaron lo peor del país y de su gente. Porque ese "símbolo democrático" debe poder borrar una imagen de Franco inaugurándolo y ayudar a cerrar heridas abiertas. Puede que su retirada debamos valorarla por encima del interés material, sabiendo que el atributo otorgado en 2010 elimina en la parte visual el motivo de la construcción triunfalista del monumeto, pero permanece intrínseco en su construcción e inauguración, como bien nos recuerda la hemeroteca. 

Desconozco si al final se conservará o se eliminará el monolito. Si finalmente acaban retirando el monumento, no abramos otra herida nueva, ni como dice una representante de alguna asociación de vecinos que componen la plataforma que el sábado se va a unir para salvar a un monumento, "no lo perdonaré nunca". Perdonemos y veamos que con el consenso de tantas asociaciones se puede construir un monumento que de verdad sea significativo para los barrios de la zona. Algo que ya haya nacido en paz y democracia, sin tintes políticos ni bélicos. Y si lo conservamos, veamos en él esa parte de unión ante las guerras y las dictaduras y usemos el dinero que iba a costar su retirada en resarcir la memoria histórica pudiendo enterrar a aquellos que todavía yacen en cunetas, lejos de sus familias y sin una simple placa que recuerde que existieron. Sean del color que sean y lucharan del lado que lucharan.